martes, 27 de enero de 2009

BIOGRAFÍA




Sergio Laobra González nació en Palencia el 23 de Septiembre de 1972. Creció en el seno de una familia trabajadora, el padre en Correos y la madre en casa. Era el menor de cuatro hermanos y siempre fue un niño especial. Estudió la EGB en el Colegio Público "Gloria Fuertes". Pronto destacó por su imaginación e inquietud artística. Integrante desde su más tierna infancia del equipo redactor del periódico de la escuela, años más tarde recordaría como el inicio de su vocación literaria, la visita que realizaron al Diario de Palencia y la impresión que le causó D. Higinio Manchón Morata, director del mismo y reconocida figura poética de la escena de los Neo-novísimos castellanos. Finalizada la enseñanza primaria con brillantez académica, ingresó en el Instituto Nacional de Bachillerato "Miguel de Unamuno". Allí contactó con lo que sería el germen del Movimiento Vanguardista Palentino (MVP), con figuras tales como los relatistas Ignacio Giménez del Cubillo y Santos Fernández Tolón, el pintor Juan Morales Verdín, los integrantes del grupo post-punk KdeKagada y la actriz Soraya Lesmes. No es de extrañar que en este caldo de cultivo, la sensibilidad de Laobra se viera desbordada.


A la vez que su carrera académica iba descendiendo, Sergio comenzó a hacerse un nombre y un hueco en la escena palentina. En 1987 publicó sus primeras poesías en un librito colectivo con los mejores autores del Instituto. Junto a los posteriormente conocidos como Las Crisálidas ( Diego Cruces y Virginia Penón) incluyó varias composiciones juveniles trufadas de odas a la primavera y sonetos imperfectos de amor desesperado. "Primeras intentonas" es hoy en día una obra inencontrable, únicamente al alcance de los más feroces coleccionistas de la obra de Laobra. En ese mismo año hizo una fugaz incursión en el ya mencionado KdeKagada, sustituyendo en algunos conciertos al cantante Pintxo cuando éste estuvo ingresado aquejado de una hepatitis. Sergio, fan desde la primera maqueta del grupo, no tuvo problema para ponerse al frente del mismo y desgañitar los temas del seminal grupo punk. Todavía se recuerda el concierto de Diciembre del 87 en el pub Arrastre, teloneando a los salmantinos Pus y a la efímera promesa del hard-core patrio, los desaparecidos Kaspa. El festival terminó en altercado y desorden público de dimensiones considerables, al enfrentarse los asistentes al mismo contra grupos de extrema derecha. Laobra terminó en el cuartelillo y quedó inmortalizado en una ficha policial, hoy desaparecida. En ella podíamos ver al joven cantante con sus patillas de hacha, el tupé desordenado, un moratón en el pómulo izquierdo y una mirada entre asustada y ausente.


En la primavera del 88 ganó el I Certamen de Relatos de Villafresneda al que se presentó con el seudónimo de Urrutia, en un poco disimulado homenaje al líder de Gabinete Caligari, y la obra " Impresiones palentinas". Constaba de cinco relatos en los que podemos ver los rasgos de un incipiente talento narrador. El tema va desde el amor (inevitable en un adolescente), hasta la muerte ("La guadaña afilada"), pasando por la música y las drogas. Destaca por encima de todos el titulado "Coleópteros.Colección" en lo que supone la primera aparición de dicho tema, tan tratado y querido en el mundo laobriano. El estilo es balbuceante y con una indefinición propia de la edad pero ya se apuntan algunas cosas interesantes: Un intento de monólogo interior, la variedad de registros lingüísticos, el narrador semi-omnisciente... En posteriores declaraciones del autor, se ha podido ver la importancia que este reconocimiento tuvo para él y lo que supuso de estímulo y acicate en la profundización de los secretos de la narrativa. En este mismo año, 1988, siguió compaginando su indudable vocación literaria con el mundo de la música. De su inclusión en el mundo del punk surgió la amistad con el compositor y guitarra de los KdeK, Luis Molina "Kali", y el inicio de una carrera musical como voz solista de los Limonada, grupo de escasa repercusión en la época que facturaba un rock convencional y poco trasgresor. Como equipaje discográfico, la grabación de un single en el sello local Nitrate, con cuatro temas perfectamente olvidables de los que sólo podemos destacar la letra de "Vendiendo ilusiones" primera incursión de Sergio como letrista rock. "No te voy a perdonar todo lo que me has hecho, no lo olvidaré" escribe y canta, casi premonitoriamente, en el estribillo del tema. Lo que sí supondría un hito en su trayectoria, fue la grabación de un vídeo clip promocional y su contacto con el mundo audiovisual. Junto a una jovencísima Soraya Lesmes y bajo las órdenes de Miguel Ángel Sastrón, recién salido de la Escuela de Cinematografía Abierta (ECA), rodó una historia futurista que le dio cierta relevancia en su ciudad. Y por supuesto, fue el inicio de su historia de amor con Soraya, su primera novia conocida.


El final de la década de los ochenta transcurrió sin mayores novedades. Finalizó sus estudios de bachillerato y se matriculó en la Facultad de Filosofía de Valladolid para cursar la carrera de Filología Hispánica. Su contacto con el mundo universitario, tan denostado por él en tiempos posteriores, es indudable que le sirvió para ampliar su horizonte provinciano y seguir desarrollando sus variadas facetas artísticas. Rápidamente contactó con los ambientes literarios de la Facultad, inscribiéndose en el grupo de teatro de la misma y comenzando a fraguarse una cierta notoriedad y una fama de persona extravagante y de gustos poco convencionales. A la vez que intentaba completar su formación académica, se sumergió profundamente en el mundo de la noche vallisoletana, tomando contacto por primera vez con el mundo de las drogas y el alcohol. Junto con Soraya, a caballo entre Madrid y Valladolid de casting en casting, representó unas cuantas obras teatrales (alternando clásicos y la vanguardia más desenfrenada) formando parte del Grupo Universitario Dramático. Su personalidad atormentada no pasó desapercibida para los críticos del lugar y pronto comenzaron a hablar de él como una de las más firmes promesas de la escena vallisoletana. En paralelo siguió construyendo su carrera musical integrando distintos y variados grupos que iban del rock más experimental al pop comercial más insulso. Depresión, Objetivo Gagá y Mermelada de Protones son algunas de las formaciones por las que pasó en los agitados inicios de los noventa, normalmente ejerciendo labores de cantante y letrista. En las entrevistas de la época, Sergio reconocía que pasaba de la canción al poema con suma facilidad, sirviéndole uno y otro campo para experimentar con las más dispares técnicas. Es en este momento cuando comienza a vestirse de negro y a dar síntomas de una precaria salud física y mental. Consigue publicar su primer libro de poemas "Dudando" (1990) con la editorial Kronos y es recibido en los restringidos círculos de la modernidad como la figura más descollante de los últimos tiempos. "No recordábamos un impacto tal desde la aparición del fallecido Leopoldo Casariego. Laobra dará que hablar" Así hablaba Sixto Delibes, encargado de la sección cultural del Norte de Castilla y figura clave en la proyección literaria laobriana.


En el recordado 1992, la vida de Laobra dio un giro inesperado. Tras abandonar los estudios en Valladolid, decide trasladarse a Madrid junto a Soraya y establecerse en la capital del Reino para labrarse un porvenir artístico. Allí contacta con los restos de la Movida y la nueva generación noise. Comienza a introducirse en el mundillo cinematográfico de la mano de su pareja y allí coincide con unos primerizos Santiago Segura, Alex de la Iglesia, Amenábar, Banderas, Penélope Cruz... Interviene en cortos de bajo presupuesto y menor calidad. "Al este del desdén", "Psicópatas de alquiler", "Un alienígena a merendar"... son algunos de los títulos más reseñables de su filmografía por aquella época. En paralelo, y con mucha mayor fortuna, siguió discurriendo su vertiente musical. Tras abrazar con entusiasmo la tendencia independiente preponderante, el noise, formó junto al guitarra de PWC (Berto Nieve) y el bajista y batería de los imprescindibles No-Nada, el que sería su grupo definitivo,Rayblue (En honor de una de las composiciones míticas de uno de sus grupos de cabecera, Pixies). Alternando el inglés y el castellano en sus canciones, no tardaron en hacerse un hueco en el agitado panorama musical español junto a bandas como Surfin Bichos, Los Planetas y Ringopop. Tras verlos en El Sol, Servando Carballar, factotum del sello La Fábrica Magnética, les fichó para grabar tres LPs. Sonando a todas horas en Radio 3 y apadrinados por el pope del independentismo patrio, Julio Ruiz, su carrera empezó a subir rápidamente aunque sin llegar al éxito masivo. Sergio sigue vistiendo de negro pero ahora se ha rapado al cero y ha comenzado a poblar su diezmado cuerpo, de todo tipo de tatuajes. "Me sirven para recordar de dónde vengo aunque no sepa en dónde terminaré". Su primer LP "La matanza al mediodía" (1993) es un éxito entre la crítica especializada (Mejor LP nacional español en Rock de Lux; Premio revelación Ojo Crítico en Radio Nacional; Grupo revelación en Disco Grande...) y un clamor entre el público que llena los locales alternativos de toda España por donde empiezan a girar en el otoño. Temas como "Ámbar", "Atraviésame el corazón" y " 200 latigazos" han quedado ya como incontestables clásicos dentro del mejor pop patrio de todos los tiempos. "Canto con las tripas porque así lo siento, escribo con mi sangre porque no sé hacerlo de otro modo. Si me agarras, te enseñaré el abismo" declaraba a un periodista musical en Rockoff. Y no le faltaba razón. Su voz se retuerce sobre la espiral sónica y esculpe desgarradoras confesiones, verso a verso. Su carrera literaria sufre un parón y apenas se reduce a unos cuantos poemas crípticos que publica en revistas literarias underground gracias a la difusión de su música. Comenzó la elaboración de una novelita corta, "En mitad de la nada" que no llegó a publicar por motivos de salud.

La muerte de su hermano mayor, Jaime, en accidente de tráfico, la ruptura definitiva con Soraya tras el enésimo desencuentro y sus cada día menos disimuladas adicciones, desembocaron en una crisis existencial que llevaron sus huesos a un sanatorio mental en su Palencia Natal allá por 1994. Alejado del mundo y de la carne, se le apareció el demonio en forma de manía persecutoria. Creía que era el centro de una conspiración y que querían acabar con él. Su familia y unos pocos amigos lucharon por devolverle a la realidad y lo consiguieron, superando incluso un intento de suicidio con tranquimazines. De esta época son sus versos más oscuros, sus textos más introspectivos y a la vez terapéuticos. Conjurando a sus fantasmas logró escribir las líneas más conmovedoras de la Lírica española del s. XX. Puede dar fe de lo que decimos su poemario "Cartas acolchadas" (1996) Editorial Alcanfor, que recoge una selección de lo más granado de su obra psiquiátrica. Empezó a ser requerido por algunos medios escritos para que colaborara ocasionalmente con artículos de opinión, pequeñas columnas en las que hablaba de lo que le rodeaba y le interesaba. Esto ayudó a que su nombre no cayera en el olvido y cuando salió de su último período de internamiento, finales de 1995, recibió varias propuestas para reiniciar su periplo artístico (propuestas musicales y cinematográficas). Sólo aceptó algunos proyectos alimenticios, en los que se sentía poco involucrado, y en cuanto pudo reunir el suficiente dinero se retiró a escribir y a intentar recuperarse definitivamente, a una casita en un pueblo del Bierzo. Tras un titánico trabajo que le ocupó varios años, en el año 2000 publicó su primera y última novela hasta la fecha, "Mientras el cuerpo aguante" (Editorial Lumen). Obtuvo el Premio Nacional Jóvenes Autores, el Premio Casa de América y quedó finalista en el Premio Proust. Traducido a más de 12 idiomas, es un referente ineludible en la narrativa española contemporánea. José Antonio Lozano, el protagonista de la trama y trasunto del autor, es un joven de provincias que interesado por las Artes y las Letras inicia un viaje místico-esotérico a través del s. XX siguiendo las canciones que le hicieron feliz. Con esta excusa, el autor vuelca en un poco disimulado autobiografismo, todos sus miedos y esperanzas con el único objetivo de lograr el amor verdadero. Con una pluma chispeante por momentos, con una complejidad estructural no vista hasta entonces y multitud de referencias y citas de toda índole, conduce al lector por las fallas de los sentidos en un viaje trascendente que no puede dejar impasible. Utilizando la técnica del collage, sirviéndose de recortes de prensa, mezclando ficción y realidad, alternando tiempos, espacios y puntos de vista, consigue con esta obra maestra, colocarse como figura imprescindible de las letras hispánicas de las últimas décadas.


Abrumado por la repercusión de "Mientras el cuerpo aguante", Laobra volvió a recluirse en si mismo y se alejó, de nuevo, del mundo al que temporalmente había vuelto. En sus escasas apariciones públicas y en las aún menores entrevistas que concedió, se mostraba perplejo ante lo sucedido, no llegando a comprender la repercusión que había tenido su novela. Confesaba que escribía porque lo necesitaba y que no sabía cuál iba a ser su futuro más próximo. En las fotos que le tomaron poco quedaba de aquel joven melenudo e impetuoso. Sólo la mirada ausente conectaba su pasado y su presente. Las mal solucionadas poli adicciones le daban un aspecto de cadáver en vida. En la actualidad se haya confinado en el Psiquiátrico de San Sebastián, junto a otro ilustre de las letras españolas, Leopoldo Panero. Entre esas cuatro paredes han confluido dos de los más grandes talentos artísticos de la actualidad. Su mutua admiración no disimulada promete frutos en un futuro. Sergio Laobra, según entrevista radiofónica difundida hace poco tiempo, ha confesado que está trabajando en el alma humana y su relación con los coleópteros, uno de sus temas recurrentes, obsesivos...


Sergio Laobra González


Psiquiátrico de San Sebastián Celda 213

(2 de Octubre de 2007)

sábado, 17 de enero de 2009

EBUYA CILEGNA

Este texto aparecerá próximamente en el libro Gente Abollada (Certeza. 2011). Rogamos disculpen las molestias y corran a su librería favorita en el momento que se indique. Gracias.

lunes, 12 de enero de 2009

EXPEDIENTE AMANECER


Me miró con cara de acento circunflejo. Cuando le dije que mi acompañante y yo, íbamos a entrar, casi se cae al suelo. Su rostro palideció y una atenuada pero más que visible irritación, le hizo temblar la voz. No es posible, no es posible, no aparece en ningún reglamento dicha posibilidad. Pues vamos a pasar, apártese o llame a su superior. Así lo hizo, saliendo de su reducido habitáculo, mirándonos con desdén e ira, giró sobre sus talones y atravesó la puerta prohibida. Los compañeros del esbirro cuchicheaban a nuestras espaldas, iban levantando la voz a medida que nosotros persistíamos en nuestra actitud. Qué valor, tarde o temprano tenía que pasar, ya no hay decoro. Al cabo de unos segundos, reapareció el esbirro. En unos momentos les recibirá el Delegado. Pueden tomar asiento. Gracias, estamos bien así. Entonces ya no pudo más, toda su fingida cortesía se vino abajo como la cristalería de un restaurante y con similar estruendo nos gritó: Apártense y déjenme seguir con mis asuntos. Sin tiempo para contestarle, la deseada puerta se abrió y una sumisa empleada nos lanzó una sonrisa desafiante. Pueden pasar, Don Julián les está esperando. Nos agarramos del brazo y ante la indignación de los allí congregados, nos dispusimos a seguir el culo de la secretaria. La moqueta del pasillo ablandó nuestros pasos a la vez que nuestras intenciones. Olor a madera, techos altos, la refrigeración exacta. Aquí y allá los retratos de los predecesores en el cargo. Vámonos, no merece la pena. Le apreté más fuerte y le acaricié la mano. No te preocupes, todo saldrá bien. Cuando el culo se paró, su dueña nos hizo un gesto, un leve ademán que pudiéramos traducir por "un momentito, enseguida estoy con ustedes". Golpeó con los nudillos, casi sin rozar siquiera el portalón, y desapareció en su interior dejando en el aire un aroma a perfume caro. Azahar y melocotón. Por fin abrieron de nuevo y una luminosidad como de otro mundo inundó toda la estancia. Su Excelencia les está esperando. Al entrar, lo primero que vimos fue el imponente sillón de piel, el más grande que jamás hubiéramos visto. De color marrón, parecía estar hecho con la piel de todos los que antes habían osado entrar allí. Un ligero silbido acompañó la rotación del mueble hasta que su ocupante quedó enfrente de nosotros. Un tipo inmenso, bronceado hasta las pestañas y vistiendo un traje que valía lo que mi sueldo de un año, nos miró todavía sin poder dar crédito. ¿Y bien?, Estalló su voz en el desmesurado despacho. Queremos lo que nos corresponde. Creo que no va a ser posible. Os estábamos esperando. Al fondo, a la derecha, aparecieron varios miembros de la Delegación. Mi grito quedó sofocado por el ruido, por el excesivo volumen del hilo musical que alguien se encargó de encender. Expediente Amanecer. Sí. Como siempre.

sábado, 10 de enero de 2009

IMPERTÉRRITO

Despierta. Abre los ojos y sólo ve oscuridad. Le duele la cabeza y nota seca la boca. Intenta moverse y no puede. Debe ser un sueño. O es que estaba tan dormido que a su cuerpo le cuesta reaccionar. Siente sus extremidades dormidas, un desagradable hormigueo le recorre brazos y piernas. Es como si le hubieran atado varias piezas de hierro en los tobillos y las muñecas y lo hubieran arrojado al mar. Nota que se ahoga. Respira a trompicones. No logra llenar de aire sus pulmones. Le sigue doliendo la cabeza y no logra ver más allá de sus narices. Afina la vista para reconocer el lugar en el que se encuentra. No puede, no le suena. Es pronto aún, todo va a cámara lenta. Le cuesta pensar. Es como si su voluntad le hubiera abandonado, no consigue ni siquiera levantar un dedo. Y este olor, familiar y nuevo a la vez. No distingue ningún sonido, apenas un rumor que bien pudiera ser el sonido de su sangre golpeándole en las sienes, su propia respiración que no logra recorrer su cuerpo. No puede moverse pese a que lo intenta con todas sus fuerzas. La angustia le recorre y lo invade todo. Le parece ver a escasos centímetros de sus ojos, algo. No lo distingue. Sigue muy oscuro. Y este maldito dolor de cabeza. Un momento. Algo se ha movido o es él quien se está moviendo. Sí, es él, mejor dicho, sea lo que sea el lugar en el que se encuentra, se ha movido. Este sonido sí cree reconocerlo. Bien, empieza a reconocer y despertar. Es el sonido de la lluvia, gotas golpeando en el techo. Tiene frío, mucho frío y ganas de llorar. Quiere despertar, levantarse y echar a correr. Besar a su madre, abrazar a su hermano. Pedirles perdón. Pero ya es tarde. Siente que se cae, como en los sueños, pero esto no lo es. Escucha un chirrido a los lados, un ruido de madera lijada. Toca fondo. El golpe le hace estremecerse. Oye un grito, un llanto desgarrador. A lo mejor es él quien está gritando. Pero no, no es él. Sin embargo, debería gritar si consiguiera articular la voz. Entonces escucha el sonido de un puño, no es un puño, diminutos golpes suenan en el techo. Cada vez más, con más fuerza. Ahora es un estrépito que ahoga el sonido exterior a la vez que se le acaba el aire. In nomine patri... et filii... et spiritus sancti. Y ya no escucha nada más. Sólo huele a madera y se quiere morir.

martes, 6 de enero de 2009

HIPERBREVE I

Yo me casé para tener sexo salvaje todas las noches y calcetines limpios por la mañana. Ahora me bastaría con tener sexo limpio por las mañanas y calcetines salvajes por la noche.

domingo, 4 de enero de 2009

FELIZ AÑO NUEVO


Pasó Nochevieja y cuando creías, creiáis, que no podía ocurrir nada peor, plaf, llega Año Nuevo. Y es que después de amenizaros las fiestas con un relato pleno de espíritu navideño, los tres reyezuelos y el gordo borracho atracando el Tajo Francés, qué historia más entrañable, y tras entretener la víspera del atragantamiento de uvas con un cuentito fallido lleno de hechos reales, se me ocurre cerrar la trilogía con una historieta acerca del primer día del año nuevecito que será el mejor de nuestras vidas. Rezad para que esto no acabe en tetralogía, como la de los nibelungos y la madre que los echó.

Ha llegado la hora de pasar a la acción, de crear un grupo subversivo que acabe con el aroma que impregna el uno de enero, no me refiero al de las vomitonas en las esquinas, ya me entendéis. Pude superar lo de los Niños de San Ildefonso, alguien debería dedicar un minuto de su tiempo a indagar en la hagiografía de Ilde y ver qué hizo de malo para quedar encadenado de por vida a semejante cuadrilla de castrados potenciales, metiéndome debajo de la cama y tirando por el retrete las radios que se empeñaban en conectar con el salón de loterías. De lo que no he podido escapar ha sido de las felicitaciones del nuevo año. Me asalta una duda, ¿Hasta cuándo hay que seguir felicitándose?. Si no te veo hasta el veinte de octubre, ¿Puedo felicitarte?. Alguna fecha en el santoral debería marcar el final de esta macabra danza de buenos deseos. ¿En qué pierden el tiempo nuestros políticos?.

Propongo como medidas para hacer frente al aluvión de felicidad, las siguientes. Empezar a felicitar el año nuevo allá por el catorce de marzo, el tres de julio o el treinta de septiembre, a elegir. Cuando la gente te mire con ojos de incomprensión, simplemente encógete de hombros o explícales que tus deseos son reales y no meras fórmulas de cortesía, muletillas con las que iniciar una conversación o un soniquete automático que precede a un está usted despedido o a su madre le quedan quince minutos de vida. Yo te lo deseo de corazón, capullo, y si no lo entiendes, me he debido equivocar de persona. Otra actuación para vencer el pánico y ser capaz de salir a la calle a comprar el pan, a atracar a una viejecita o a pagar por un favorcito sexual, puede ser desearle feliz año a todo bicho viviente, a ser posible con uso de razón, con el que te cruces en tu diario caminar. Felicitarás al vecino del segundo que acaba de darle una bofetada a su mujer por no haber preparado la comida a tiempo, felicitarás al negrito que te encuentras en la esquina huyendo de la policía y de los derechos de autor, felicitarás a la monja que lleva un rato pensando en lo bien que le sentaban los vaqueros al moreno del coche caro, felicitarás al niño que le cuenta a su abuelito paralítico la carta que acaba de mandar a los reyes magos, felicitarás al que vende pañuelos en los semáforos y que te manda a tomar por no sé dónde justo un momento antes de que lo atropelle una moto que reparte pizzas, felicitarás al conductor del autobús que te cede el paso a pesar de estar en ámbar, felicitarás a la rubia que se pinta los labios en el espejito retrovisor, que ni te mira, ni se ha dado cuenta de que existes, preocupada por quedar monísima para la entrevista de trabajo, felicitarás al barrendero que se empeña en recoger lo que ya te dije, felicitarás al que hace fila en la caja de ahorros y no te escucha porque está pensando en la excusa para no pagar la letra de este mes, felicitarás a la de la ventanilla a la que le importa un bledo tu felicitación y sonríe estúpidamente esperando lo que le vayas a contar, felicitarás a tu padre y a tu madre, y a tu mujer que te suplica que dejes de hacer el bobo y que ya está bien para una broma.

Creo que voy a escribir un cuento sobre esto, empezará diciendo algo así cómo, si me ves el día de Año Nuevo, no me felicites, ni siquiera me saludes, tengo un arma en el bolsillo y sé cómo usarla.

miércoles, 31 de diciembre de 2008

"INEVITABLE" DE MARIO VIÑUELA

Saltando de flor en flor, me he encontrado esto. Llevo unos días viendo cine, otra vez. Los caminos se cruzan y te llevan a lugares inesperados. Alguien me habló de un corto, y de otro. Pensé en comprarme una cámara. Yo soy así. Me emociono y me gustaría embarcarme en proyectos que me saquen de la rutina, mira que si... Luego no lo hago, claro. Sólo lo pienso y ya está. No soy un tipo de acción. Yo soy el que mira, el que os mira.

Viendo la historia que os dejo aquí abajo, me acordé de un texto que escribí hace tiempo. Ya me parezco a mi madre, sacando cosas y cosas de la nevera para que tengáis algo que comer. Me ha gustado y no he querido retener el impulso, como tantas veces, de contarlo. A mí me ha sugerido muchas cosas. Si además lo hubiera protagonizado Paula Prendes, no habría podido quedarme más satisfecho.

Silencio.

Luces.Cámara.Acción.





Esto es lo que yo un día escribí, quién sabe si pensando en ti

TE QUERRÉ SIEMPRE, CLARO.

Te querré siempre. Así lo había escrito en la servilleta del bar. Cogidos de la mano, mirándose a los ojos, ella aceptó el reto y se lo puso por escrito. ¿Me querrás cuando tenga sesenta y cuatro años? Claro, toda la vida, eres lo mejor que me ha pasado. Pues pónmelo por escrito. ¿A qué no te atreves? Te querré siempre. Cogió el trozo de papel, lo dobló con mimo y lo guardo en el bolsillo de la camisa, al lado del corazón. Cuando llegó a casa, lo sacó, lo desdobló y con una sonrisa en los labios y ganas de llorar, lo volvió a leer. Te querré siempre. María. 14 de Junio de 1996. Lo metió en la caja de los tesoros, de sus tesoros, la sonrisa paralizada por el sabor de una lágrima. Allí descansaría junto a algunas entradas de fútbol, a otras de baloncesto, a las casi invisibles del cine y a la de los conciertos que le hicieron feliz a lo largo de su vida anterior a María. Así contaba el tiempo, nada de A.C. ni de D.C. María, sólo María. Creía que el compromiso no volvería a salir de la caja. Tanto tiempo buscando y al fin lo había encontrado: El amor. Tenía miedo. No era sencillo ser feliz. Miedo de perderlo y del dolor que eso le produciría. No aguantaría. ¿Y tú? Yo, también. No hace falta que te lo escriba, sé que me crees. No, no... por escrito. Te querré siempre. Lo escribió mientras pensaba que pasara lo que pasara, sería así, aunque no acabaran juntos, él siempre la querría. Una cosa más. ¿Me lo dirás cuando me dejes de querer? Eso no va a pasar. Si pasara... No pasará. No me lo dirá, sé que no me lo dirá. Si se acaba, se acabó. No seas tonto. Bésame. Te quiero y es lo único que importa.
* * *
Encontró la caja que había olvidado y perdido al fondo del cajón, del cajón de su vida en común en el que había encerrado todo lo que quería, todo lo que en otro tiempo amó. Todo.




lunes, 29 de diciembre de 2008

NOCHEVIEJA FALLIDA

Seguimos con las fechas señaladas.Recupero, de nuevo, un texto escrito hace un año, en ocasión de otras fechas señaladas. Después del drama, la humorada, otra vez. Soy un tipo dado al chascarrillo y el bufonismo. Si no fuera por la comedia...

El 31 de Diciembre siempre le había puesto nervioso. Era una de esas fechas en el calendario que más valdría no existieran o que te dieran la oportunidad de ignorarlas, meterte en la camita, bien arropado si estás en este hemisferio, y a esperar que llegue el día uno. Mejor el dos. La gente se pone muy pesada con esto del Fin de Año, que más parece el fin del mundo. Pero es imposible sustraerte al ambiente de cotillón, pachanga y matasuegras que lo inunda todo. A mí no me gusta la Nochevieja. Y te miran de un modo extraño, entre perplejo y conmiserativo. Pobrecico, es un triste. Mira que no gustarle esta noche tan especial. Y es que lo de la diversión a fecha fija, el desfilar maquinalmente con una sonrisa estúpida en la cara y el estohayquehacerloporquetoca, nunca le gustó. Tanto preparativo, tanto ritual, tanta gente borracha al mismo tiempo, tanto dominguero de la última fiesta del año, termina por estomagar. ¿No te pasa a ti?

Aquel treinta y uno se despertó de buena mañana sintiendo que era treinta y uno. Los ángeles del cielo, de nuevo, no habían atendido sus plegarias y ahí le tiraban a la fría realidad, más temprano que de costumbre, para que te enteres, con todo un fin de año por delante, nuevo, a estrenar. Enchufó la radio mientras se duchaba y casi se parte una pierna al salir apresuradamente de la bañera, a medio enjabonar, para apagar el dichoso aparatito por el que, el locutor suplente de turno, la estrella de la cadena se ha quitado de en medio para relajarse en Bali o en otro paraíso artificial que ni siquiera sabe escribir, amenazaba con hacer un repaso del año político para después conectar con los corresponsales esparcidos por todo el mundo, para que contaran las tradiciones de cada uno de los lugares en los que malvivían con su sueldo de periodista, y terminar con los mensajes de paz, amor y no sé qué más, de los inquebrantables oyentes de la mañana. No por Dios, eso sí que no. Refunfuñando se acabó de aclarar con el agua helada, no por gusto sino por cortesía de su caduca caldera y se dispuso a lamentar su mala suerte. Otra vez. La idea de comprar el periódico se le pasó pronto. No soportaría ver de nuevo el resumen gráfico del año. La televisión era una opción, al menos no estarían los niños cantores del bombo ni los saltos de esquí. Decidió no tentar a la suerte. Por sí acaso. Así que desayunó frugalmente, estas celebraciones le encogían el estómago y se dispuso a leer un poco en su sillón favorito, bueno, el único que tenía pero a él, le gustaba. Cariño, baja un momentito al súper. Creo que he hecho corto con las uvas. Casi lo había olvidado. Este año el fiestón era en su casa. Se puso el chándal y suplicó porque aquello no fuera real. Y alguna botellita más de cava, darling. Era real.

Casi no habían abierto los empleados del supermercado, ataviados con sus ridículos y anacrónicos gorritos de Papá Noel, cuando ya el gentío se arremolinaba a las puertas para hacer las compras para tan señalada fecha. Feliz Año. Feliz Año. Buena salida y entrada. A pasar buena noche. Hasta el año que viene. La gente es muy original y te regala con toda una sarta de tópicos con la mejor intención. Algunos incluso se las dan de originales y ocurrentes, como si se lo acabaran de inventar mientras te guiñan un ojo y te palmotean en la espalda. Venga hombre, alegra esa cara. Dejados atrás la portera, el vecino del quinto que jamás te dirige la palabra pero que hoy está de buen humor, el barrendero, la de los cupones, los de los periódicos gratuitos, el pobre de la esquina con su gracioso gorrito rojo y su campanilla, la gorda del perro y los que se empeñan en andar en bici por las atestadas aceras, llegó a la puerta de la moderna Meca: El híper. La frutería a rebosar, codazos por coger número hasta que te enteras de que hoy va con vez. ¿La última? Tú. La uva a precio de caviar iraní. ¿No la tienes sin pepitas? Es que la agüela se empeña en metérselas de golpe y algún año nos va a dar un disgusto. Perdone, yo sólo quiero un poquito de uva. Yo también. Será un momentito. ¡Niño! Ponme medio de moscatel, unos tomates y piña. ¿A cómo la tienes? Al fin sale del aquelarre, dos kilos de uva después y con el ardor de estómago que no presagia nada bueno. Casi en la puerta de casa se acuerda de la botellitamasdecavadarling y desanda el camino, los ojos fijos en el suelo, esquivando a los pesados de turno. Por lo menos así evitará las cacas que van trufando el moderno y resbaladizo adoquinado con el que nos obsequia el ayuntamiento.

En el ascensor ya se percibían los aromas de los más diversos manjares que se estaban empezando a cocinar en las casas de los vecinos, agraciadas con la suerte de acoger una cena tan especial. Sopa de carne, sopa de pescado, sopa de ajo... sopa de sopa. Échale más fideos que esto no hay quien se lo trague. Antes de dar la segunda vuelta en su cerradura de seguridad, una oleada de robos en el barrio ha hecho que los cerrajeros hagan su agosto con bufanda, su mujercita le daba la siguiente orden. Bájate al trastero, cari, y ve subiendo las sillas plegables. Con tía Enriqueta me parece que somos diecisiete. Debería estar prohibido meter a más de dos personas por metro cuadrado en los humildes salones españoles. Luego puedes ir arrinconando el resto de los muebles para que quede espacio delante de la televisión. De paso, súbete un poco de nuez moscada, le dará un sabor muy rico al repollo. El repollo, ni que lo untes con esencia de rosas, tendrá buen sabor. Se ponga como se ponga. Con la imagen clavada en la retina, del culo de un pavo en pompa y de los ojos de unos pobres besugos boquiabiertos, bajó las seis plantas para evitar cruzarse con nadie en la cabina. Menudo frío hace en esta covacha. Aunque dan ganas de quedarse un ratito y olvidarse de todo. ¿Dónde habrá puesto la nuez moscada? Con los dedos a punto de congelarse, vuelve al hogar impregnado por los más diversos olores. Corta un poquito de turrón y pon mazapanes alrededor. Para dar de comer a esta tropa habrá que trocear la producción anual de jijona. Del duro, no, que al final no se lo come nadie. Pon del de trufa en escabeche, que está muy rico.

Pese a que no era ni siquiera mediodía, la cocina de su casa era un auténtico hervidero. Ollas y sartenes rebosaban por la encimera y la vitrocerámica, el horno abría su portezuela deseando engullir lo que habían preparado para él, las pozas repletas del más diverso instrumental culinario, un ir y venir del frigorífico a la mesa, un desempolvar cubertería, cristalería y mantelería… Para que todo estuviera preparado y la cena fuera un éxito que ni el quisquilloso primo Marcial pudiera discutir, había que encerrarse allí desde el punto de la mañana. El panorama era aterrador, aquello más parecía un campo de batalla repleto de sangre y vísceras que el laboratorio gastronómico de un hogar medio español. Era tal el frenesí en aquella habitación que intentó desaparecer antes de que a su esposa se le ocurriera otra ocupación que encargarle. Me podías ayudar con los canapés, cielito. Demasiado tarde. Centenares de tostaditas, ahumados, curados, salados, encurtidos y crustáceos después, le tocó empezar a fregar y recoger la primera tanda para ir haciendo sitio para el ataque final que todavía se prolongaría durante buena parte de la tarde. Deseó que todo acabara lo ante posible y que no le doliera mucho.

Los invitados empezaron a llegar antes de lo previsto. Su mujer ni se había duchado para eliminar el olor a langostino, repollo, pavo y besugo, que impregnaba su ya no deseada piel y que ni siquiera frotando con la esponja de crines de caballo lograría hacer desaparecer. Hola, tía, estás estupenda, ese abrigo fucsia te sienta ideal. ¿Dónde lo has comprado? Un buen rato estuvo haciendo de portero, abriendo puertas, atendiendo el telefonillo, dando y recibiendo apretones de mano, besos y alguna patada de cierto sobrino malcarado que no le perdonaba alguna ofensa que no lograba recordar. Dame los abrigos que los coloco encima de la cama, no tenías que haberte molestado trayendo esta botella de sidra. Alguno que llega ya con unas copitas encima, el gorro incrustado en la calva y un collar hawaiano que le llega justo por encima de la barriga. Alegría, alegría… Cambia la cara, hombre, que es Nochevieja. Ya, ya…por eso, piensa mientras aprieta los dientes y esboza algo parecido a una sonrisa. El ruido empieza a aumentar, los niños que se empeñan en hacer alpinismo por la librería, la abuela cada día más sorda, el cuñado sabelotodo que da una magistral sobre el IPC y el fin de año en el Kurdistán, ponme una cervecita, majo… que me tienes seco. Así me gustaría que te quedaras. El calor le saca los colores un poco antes que su suegra recordando el día que se lo presentó su hija y la pobre impresión que le causó. Piensa en abrir la ventana para que entre algo de aire y por si se tiene que tirar por allí. Le empieza a doler la cabeza y esto no ha hecho más que empezar, si por lo menos no se hubieran acicalado con litros de esos perfumes tan inolvidables.

La cena empezó tarde porque el tío soltero, Olegario, que no había confirmado su asistencia, llamó en el último momento para decir que acudiría y que le esperaran por favor. Debe ser que se le ha fastidiado el plan con la niñata con la que sale. Aquello se convirtió en una carrera para devorar todo lo que pasaba por la mesa y llegar con tiempo de preparar las uvas. Los nervios en el estómago y que si se me ha olvidado ponerme algo rojo, no, que este año hay que llevar algo dorado, que si mete el anillo en la copa de champán, en la copa de cava, con cuidado de no tragártelo, cuenta hasta diez y piensa en un deseo mientras aguantas la respiración, ayudadme a recoger la mesa y a hacer un poco de sitio, a ver quién adivina el último anuncio, podíamos hacerlo también con el primero, a mí no me pongas las uvas tan gordas, pélamelas, no así no que no vale y con un poco de suerte al año que viene me jubilo. La gente que se acomoda donde puede para ver el momento mágico, para cumplir con la tradición milenaria, a lo mejor no tanto pero como si lo fuera y el tipo de la capa que se junta con la del escote que tirita y se empeña en repetir, un año más, lo de los cuartos y todo eso, que a ver para cuando le dan un trabajo honrado y yo le pido al año que viene salud y que reine la paz en el mundo, feliz, feliz en tu día. Juraría que hay menos gente en la Puerta del Sol que en su salón, todos con la misma cara de embobamiento y absurda esperanza en un mañana mejor que nunca llega. Viva, viva… ya es Año Nuevo. Más besos, más abrazos, algunas toses, no sé si al año que viene estaré yo por aquí, yo tampoco, salud que tengamos, a bailar, a bailar, despacito que subirá el de abajo, que menudo carácter, un día es un día, abre la ventana que voy a echar un cohete, ponte el gorro, hombre, no seas triste y alegra esa cara que parece que te deben y no te pagan

Lo bueno de la Nochevieja es que sólo es una vez al año. Tienes trescientos sesenta y tantos días por delante para olvidarte de ella, descontando el siguiente a la fechatanseñalada en el que es imposible hacerlo, recuperando el cuerpo y el espíritu de los excesos del día anterior y de la saturación de buenos deseos y mejores sentimientos que inundan la última hoja del calendario y reparando el destrozo provocado por esa familia que tanto te quiere y no te mereces. Yo la cambiaría por algún añoviejo, incluso por más nochesnuevas , eso sí, en la Tierra del Fuego viendo desfilar a las ballenas.

domingo, 28 de diciembre de 2008

viernes, 26 de diciembre de 2008

LA ILUSION DE UN NIÑO


En estas fechas tan señaladas, no he podido por menos que acordarme de un texto que escribí hace un año, más o menos, en otras fechas igual de señaladas. ¡¡¡Otra vez es Navidad!!!




La noche era fría y él estaba aguardando su oportunidad. Había pasado mucho tiempo, demasiado, y ahora no podía fallar. Cabello largo, ensortijado, más bien enmarañado. Una peinada antes de salir no habría estado mal. Nunca se sabe con quién te puedes encontrar. La frente poblada de arrugas, apretadas como las lamas de una persiana cuando se enrollan, era ancha y ligeramente enrojecida por el sol. Generosas cejas enmarcaban unos ojillos hundidos más allá de lo normal. Todavía conservaban un rastro de alegría a pesar de todo lo que habían visto, de tanto horror difícil de imaginar. Carrillos apretados se adivinan bajo una espesa barba mal recortada, de la que asoman tímidamente unos labios de un rojo escandaloso y una incipiente sensualidad. El uniforme de rigor en estas fechas, la incomprensible raya en el pantalón. Una saca de fieltro espera enrollada a los pies. El momento se acerca. No ha sido buena idea traer la campanilla.


Un poco más allá, casi enfrente del gordito barbado, una cuadrilla a la que falta uno para tal nombre, no le pierde de vista ni un segundo. El mayor parece cansado, harto de siempre la misma historia. Peina canas, sólo peina canas, bien pudiera ser pariente del otro vejete. Piel blanquecina, grandes bolsas alrededor de unos ojos que algún día fueron negros. Ya no está para estos trotes pero hay que cumplir con lo establecido. Enrolla sus dedillos en el pelo de la barba y se siente mejor al notar los pies de su compañero a escasos centímetros de sus botas. Unas botas manchadas de barro a pesar de la montura, desgastadas de tantos caminos, con las suelas a punto de dejar de serlo. No le sientan muy bien esas mallas, demasiado apretadas, quizás. Guarda la espalda de su venerable compañero. Le apoya una mano en su fatigado hombro y le indica que no puede faltar mucho. La nuez se le quiere salir del cuello, trepar por la negra barba, apenas apuntada en la morena cara, pómulos marcados y labios apretados. Las aletas de la nariz se mueven al compás de su corazón. Un nudo en las tripas quisiera escapar, gritar, pasar a la acción. Por su frente sólo una idea, hay que cumplir con lo pactado, movimiento a movimiento. El viento agita sus cabellos y las orejas quedan al descubierto apenas por un momento. Un pequeño pendiente verde refulge a la luz de la farola. Este año también hace frío y se encasqueta el gorro para protegerse mientras se roza con el último de la terna. Si no fuera por sus brillantes ropajes ni se le vería. Cuando cierra los ojos la oscuridad le invade. Tintinean los aretes de sus orejas, una pluma le resbala por la cara, le hace cosquillas en la nariz chata. Los labios carnosos se ensanchan y esponjan cuando se acuerda de lo del año pasado y enseñan al hipotético espectador una magistral línea de marfil. El cuello se pierde debajo de la capa que ha tenido que recortar para no pisársela. Dan las diez. Ha llegado la hora.


Un estrépito recorre la plaza cuando los empleados de los grandes almacenes comienzan a bajar las persianas metálicas que protegen los escaparates. Los últimos compradores salen orgullosos y atiborrados de bolsones de plástico, qué poco costaría que fueran de papel. Nadie se da cuenta de que un gordo vestido de rojo se acerca a la entrada a una velocidad inesperada, seguido por tres tipos de estrafalaria vestimenta que desempolvan unas arcaicas armas de fuego.


"Quieto todo el mundo" - grita el canoso seboso mientras recupera el aire. De una patada ha abierto la puerta y ha derribado al sorprendido empleado que mira incrédulo cómo el abuelete desenfunda un arma. "Tú, gordo cabrón, hazte a un lado. Deja esto a los profesionales" - El negrito ha tomado el mando de las operaciones y apunta con su arma al que llegó primero mientras sus secuaces se despliegan por la Planta Baja, Sección de Complementos y Marroquinería. "¿Los juguetes? Por favor".