lunes, 1 de marzo de 2010

ENTRE LA REALEZA Y UN CULO MARRÓN

Salí del trabajo a la hora acostumbrada. Me dirigí por el camino de siempre hacia el centro de la ciudad, andando, como últimamente, como desde que un amigo se empeña en llamarme gordo y eso me duele de verdad. Falta casi una hora y media para que empiece al concierto así que voy despacito, saboreando cada paso, cada esquina que se interpone en mi camino, mirando de reojo algún escaparate ante el que me gustaría detenerme pero sabiendo que no lo haré aunque sea una tarde especial. Hace casi calor, la primavera arrasa las calles de Zaragoza y mi viejo negro abrigo ondula a mi espalda, fuera de lugar, con el cuello subido y la mirada en el suelo, como en aquella vieja foto en blanco y negro de Dean. Me gustaría saber fumar para rematar la imagen que quiero proyectar ante las miradas de los desprevenidos viandantes.

Al llegar a Doctor Cerrada, por donde daré un tajo vertical al camino que se tiende ante mí, veo a un policía que desvía el tráfico. Agente, es que vivo ahí, necesito entrar al garaje, casi puedo oír a la señora del Polo. Sigo andando después de sortear zanjas, vallas, agujeros y barro colocados a la espera de un tranvía valenciano. Se está bien por esta calle alejada del ruido y en la que a medida que la recorro veo zonas acordonadas, aparcamientos prohibidos que son ocupados por coche de gran cilindrada donde la policía se camufla en vano. Raquel habla por el móvil y me saluda con la mano, mejor así, no sabría qué decirle después de tanto tiempo. Ventajas de los avances de la telefonía. ¿Quién va a venir a visitarnos? Un pez gordo de paso por el Paraninfo, imagino mientras los escoltas bajan de sus coches dando grandes portazos y poniendo cara de malos. Me siento incómodo, tanta seguridad es peligrosa y a punto estoy de bajarme el cuello del abrigo para no levantar sospechas a pesar de mi gordezuela cara de buen chico. Aterrizo en la plaza Paraíso y ya no hay duda. Un montón de curiosos se han detenido a los lados de la escalinata del hermoso edificio que la preside desde hace tanto tiempo. Aplausos.

Y entonces les veo allí, tan cerca de mí, avanzando en mi dirección empeñados en saludarme, Felipe de Borbón y Letizia creo que con zeta y no sé de dónde, acaban de llegar y estrechan manos con calor y profesionalidad. Él no me parece tan alto, ni tan mayor, ni tan grueso como en la tele. Ella es más bajita de lo que pensaba y sonríe como cuando se sentaba junto a Urdaci. La televisión engorda, ya lo decía María Teresa Campos, ni siquiera los futbolistas tiene tanto músculo al natural, por no hablar de los ciclistas que se parecen a tu primo el pequeño después de superar una anemia en el hospital. Hacedme un favor, nunca me dejéis acudir a un plató de televisión.. Y en éstas estaba cuando oigo que alguien se arranca con un viva, a mi derecha, todavía quedan monárquicos, pensé. Me equivocaba. El viva es para la República, un pequeño grupo protesta con una bandera ante la visita real, mañana España será republicana, no hay dos sin tres, República otra vez. Un pequeño revuelo, la seguridad que se aplica al trabajo e invita a abandonar a los vociferantes, me imagino. No me atrevo a mirar no sea que me confundan, me acabo de bajar el cuello del abrigo, y me pierda el concierto al tener que declarar en comisaría, supongo que bajo tortura. La intrépida periodista de Aragón Televisión no sabe si dar paso a la noticia o dejar las cosas como están. Me mira, me encojo de hombros y me alejo del lugar de los hechos con mi corazón tricolor a buen recaudo.

Queda todavía casi una hora y bajo despacio por Independencia buscando la puerta de la FNAC para confirmar el comienzo no vaya a ser que lo adelanten y no haya manera de entrar en la sala de audiciones. Me recibe un calor sofocante y mientras me despojo del abrigo bajo las escaleras para certificar que todo está en orden. De fondo la voz de Jorge calienta y prueba el sonido. Hay que comprar el cedé para entrar a verlos. La Habitación Roja. Universal. Oferta. 13.95 € Llevo días familiarizado con la portada y buena parte del contenido. Me gusta. Decido pasar por caja para poder presentar el ticket que se advierte obligatorio y salgo a la calle a entretener la espera con una cerveza y mis pensamientos alborotados. Gracias a la generosidad del alcalde repaso mi correo con el wifi de la Milla Digital y observo que no hay novedad. A mi buzón ni siquiera llega spam. Un último trago, un paso por el baño y me dirijo a lograr un buen sitio, que no me pase como hace unos días en la presentación del Os reís porque sois jóvenes, de Tachenko que tuve que imaginarme el concierto entre la columna y el altavoz de la guitarra. Me pongo al final de lo que parece una ordenada cola y sin tiempo de ojear el último novelón de Muñoz Molina que me hace señas desde la estantería, veo que la cosa se mueve, los chicos se apartan y me quedo delante del preceptivo miembro del staff que controla el acceso a la sala. ¿Te enseño el ticket? Le digo mientras rebusco en la bolsa de papel en la que hace menos de media hora la señorita introdujo la cajita negra. Me imagino en un supermercado de Mountain View sacando una botella mediada de whisky del arrugado papel en el que escondo la mercancía fuera de la vista del malhumorado negro policía californiano. No, basta con ver el cedé. Dicho y hecho. Como si de un Caronte moderno se tratara acaba de pasaportarme al interior de la laguna. Sillas vacías, algunos fans preparando rotuladores para los autógrafos y los demás esperando afuera. Junto a Pau, Marc y Jordi, esperan en las primeras filas el bajista y uno de los guitarras de Tachenko. El colegueo es lo que tiene. En el escenario cuatro taburetes y varias guitarras esperan su momento.

Vaya por delante que no soy un gran amante de los sets acústicos, me gusta más el esplendor del sonido, que venga con todos los extras. Además en este caso tenía ganas de ver cómo sonaban en directo las nuevas propuestas de LHR y certificar la impresión que me dio el concierto que grabaron para Radio3: Sensacional. Pero la ocasión bien merecía la pena y lo que se pierde por un lado se gana en cercanía con el artista y en lo novedoso que puede resultar la interpretación desenchufada. En estas y otras reflexiones andaba este humilde narrador cuando la sala empezó a llenarse. Yo me había colocado en un buen sitio, por una vez, centradito y en las filas de delante aunque sin atreverme a plantarme en la primera. Pau, un momento antes de iniciar la actuación, tuvo que animar a la concurrencia a que se situara por allí para hacer más hueco al fondo. Las chicas fueron las más decididas y se animaron a aceptar la invitación. A mi lado se situó una  muy discreta, sin saludarnos compartimos una hora de nuestra vida al igual que hice con los de mi izquierda a los que tampoco saludé. La música tiene algo de vicio solitario sobre todo en el formato que se nos proponía. Sentaditos y con los abrigos por el suelo apenas movíamos la cabecica (Maldito corrector ortográfico que siempre pone “cabecita”, no entiende de aragonés) y un pie llevando el ritmo sin hacer muchos alardes. Aquello estaba más preparado para una conferencia que versará sobre ipecés, peibés y cosas por el estilo que para un ratito de r´n´r. Estáis muy serios, diría después Jorge, pero aplaudís bien. Y era cierto, las palmas sonaron con rotundidad aprobando al recién nacido que luchaba por empezar a gatear fuer de tiempo. Será por las luces, imponen mucho. En pleno concierto pidieron que apagaran los focos y encendieran unas lamparitas muy monas colgadas de la pared del fondo que dieron un toque más cálido, más íntimo, como si estuvieras en el salón de tu casa. Cuando nuestras pupilas se acostumbraron se logró el efecto deseado.

¡¡¡ES AQUÍ!!! Si algún lector ha llegado hasta aquí buscando una “crónica” de la actuación, enhorabuena. Hay que tener mucho aguante y por eso el mérito es incalculable. Si fuiste de los que buscaste el meollo del texto siguiendo mi recomendación inicial, un saludo también y que sepas que no te guardo ningún rencor. Con puntualidad exquisita los miembros de la banda, a excepción de Jose al que no habían soltado de sus cadenas, fueron ocupando el estrado. De izquierda a derecha Jordi, Pau, Jorge y Marc. Éste era el único que quedaba lejos de mis pobres ojos y tuve que hacer algún escorzo para verle desparramar un poco de percusión y manejar con buen estilo el precioso bajo con el que se acompañaba para la ocasión. Tras los saludos de rigor comenzaron con Días de vino y rosas, dejando bien claro que no tenía nada que ver con Juan Aguirre. Casi me caigo de la silla. ¿Lo dirá por mi comentario? ¿Se habrá molestado? Espero que no, parece un tipo con buen humor. Y es que las neuronas son así, escuchas algo que te recuerda a algo que te parece que... El grupo homónimo a la canción tuvo su momento de gloria en los inicios del indie zaragozano. A mí me parecían lo más, tres chicos a los que podías ver tomando cañas en la mesa contigua a la mía en la terracita del bar de mi barrio, la bajista que iba a mi instituto y a la que jamás, por supuesto, le conté nada de mi admiración. Yo no quería molestar. Aparté estos lúgubres pensamientos y me centré en la música. Perdonad la digresión, de nuevo, y también que no me apuntara las canciones que interpretaron para darle un toque más profesional a esto que ya no sé cómo calificar. Aplausos.

El sonido es muy bueno y los músicos están contentos, ambiente distendido y bromas con el público que abarrotó la sala, me temo que sin pasar por caja. Espero que al final todo el mundo se llevara su cedé a casa y haya disfrutado tanto del contenido como yo. Magnífica grabación para una obra que así lo requería. Cuántos buenos discos se han ido al traste por unas mezclas desastrosas. Llevo unas cuantas escuchas y a cada una de ellas reafirmo más mi primera impresión, es un muy buen disco. Lo he escuchado detenidamente en mi viejo discman mientras limpio el polvo, mientras plancho con salero, mientras limpio el baño con esmero... La vida es así de dura, seguiremos buscando la belleza entre la basura. Hasta he creído escuchar un estornudo al comienzo de una canción, la fría nieve debe causar estragos. Los chicos siguen desgranando sus canciones, presentando en sociedad alguna de sus criaturas: Younger, Febrero, La noche se vuelve a encender, Muertos vivientes. Mención especial a la versión del primer single, Voy a hacerte recordar, y sus estremecedores coros. Cada vez que la oigo me gusta más y casi me aventuraría a pronosticar que va a ser una de las canciones que perduren de este lote. Los coros. Habéis conseguido que no cante la letra del cantante sino que me agazape a la espera de soltar la frase que brilla en el conjunto. Por una vez no quiero ser Max Estrella, me conformo con hacer el coro de los borrachos. Jordi ha sido un gran descubrimiento, la segunda voz del final es apocalíptica, cantada con el corazón y con las tripas. Cajas tristes también fue otra de las joyitas de la tarde, sonó con un eco extraño muy apropiado para el vacío de la letra. Se está acercando a mi pole position particular.

Respecto a los textos decir que me siguen pareciendo muy inspirados, difícilmente sencillos en ocasiones, poéticos las más de las veces. El oyente podrá encontrar unos cuantos versos de los que justifican tanta palabrería hueca como la mía. “Tan perfectos como nieve al caer, como su simetría hexagonal”. Demoledor. La cosa terminó con tres bises amagados, guitarras de doce cuerdas y una voz por descubrir como la de Pau. Un recuerdo a su etapa en Grabaciones en el mar y a una exposición que ya no podrán ver. Cuando te hablen de mí, Los tiempos están cambiando (con la carga ideológica que quiero adivinar detrás de sus palabras) y 23, cerraron una tarde que bien mereció la pena.

Nos levantamos ordenadamente, algunos se acercaron a firmar, a intercambiar impresiones con los músicos, pero yo decidí marcharme discretamente por miedo a que me reconocieran como el amigo de Juan Aguirre y me hicieran tragarme la discografía completa de Amaral o algo peor. Y entiéndaseme bien, no estoy diciendo que su obra sea mala, me refiero a que el castigo podía ser aún más doloroso, llenarme la colleja de típex y afeitarme les patillas a bofetones, por poner un ejemplo. La chica de mi lado decidió quedarse, espero que le fuera bien, ni adiós le dije, nada más que un tímido gracias por dejarme pasar. Subí las escaleras, salí a la calle y la fortuna quiso cruzar en mi camino un maravilloso culo dentro de un bonito pantalón marrón. Vaya, estoy de suerte, pensé. Durante un buen trozo del camino fui disfrutando de su caminar, la forma de andar de la chica con una coleta alta morena a la que nunca veré la cara. Iba pensando en todo lo que había pasado esa tarde, en que tenía que contarlo no sé muy bien para qué, sin imaginar que acabaría a estas horas, en la cocina rodeado del cola cao, el nescafé y unas magdalenas con chocolate. Era un culo rotundo, de proporciones casi perfectas, digno de ser enmarcado estudiado por las generaciones venideras, uno de ésos que te apartan del buen camino y te hacen alejar de casa hipnotizado con el vaivén.

Acabo, ya era hora, refiriéndome al Je ne sais pop. También me acordé de Goñi, pido perdón, y de Algora en algunas modulaciones de la voz, en vaya usted a saber qué. Los humanos siempre buscamos balizas para volver a casa, una vela encendida detrás de una ventana aunque sea en un cuarto piso. No me tengáis en cuenta todo lo anterior. A veces he tenido una sensación parecida. Espero que no me lo apuntéis en el debe (¿o era en el haber?), un tipo que tiene siete u ocho de vuestros discos no puede ser sospechoso. Os agradezco los buenos momentos y espero sea por muchos años. Salud.







7 comentarios:

Berbi dijo...

No sé si eres el más común de los mortales o eres raro, pero raro de cohones

Anónimo dijo...

Me ha encantado tu relato...
Yo estuve el día de antes en la FNAC de Valencia disfrutando (aunque con sólo 2 bises en lugar de 3, he de decir...!!! siéntete afortunado!! jejeje...), y la verdad es q no sabría explicarlo mejor, y eso q para mí tb fue un día especial , de esos q marcas en tu calendario, con cumpleaños entre amigos incluido y post-party con LHR (sigo lamentando q fuera martes...)

Creo q me voy a enganchar a tu blog...

Un saludo

tan solo una cerilla dijo...

creo que la chica de tu lado era yo...

Anónimo dijo...

eran necesarias tantas palabras para explicarlo?

en cuanto a ordenar los adjetivos como te sale del capullo, menuda tortura... a veces con suerte, pero en la mayoría de los casos me he encontrado con una lectura tediosa, háztelo mirar!!

demasiada bipolaridad incontrolada... repito, haztelo mirar o desata toda tu ira en un post que jamás leeré...

suerte, y viva LHR

PD: por lo demás, que problema tienes con ser o parecer regordete... intenta hacer más deporte y comer menos, o ir en bici al curro y luego irte directo al gym, en el mismo tiempo harás el doble de deporte q paseando un ratito...

safrika señorita dijo...

uy madre qué chico tan rabioso este que ha escritto antes de mi! Buen texto, me ha gustado... Un saludo

Luis Borrás dijo...

Cuando lo tenga te comento. Iré este viernes si me pagan una deuda. Dinero B. Sin control administrativo. Mi fondo de subsistencia para los vicios en solitario.
Así que tú también caminas sin rumbo detrás de un culo rotundo y perfecto.

Abrazos.

JALOZA dijo...

Gracias a todos por vuestras visitas y comentarios. Y en especial a LHR por su acogida y las bonitas palabras que me dedican en su facebook.

Así da gusto, chavales.

Un abrazo