lunes, 28 de junio de 2010

DIOS LOS CRÍA.

Después de unos días de vacaciones,  no he podido resistir la tentación de subir esta perlita. Hace un año, más o menos, me topé con Manos de Topo. Hace un mes, exacto, mi amigo Luis Borrás me enseñó a The New Raemon. Hoy me he sorprendido con esta versión.

Daría la falange distal del dedo currín de la mano izquierda por estar ahí.

¿Por qué todos los jugones sonríen igual?

sábado, 12 de junio de 2010

JANE´S ADDICTION. VEINTE AÑOS TARDE

Después de pasarme un rato por el Rock in Rio de la semana pasada, de la mano de La 2, y de ver las multitudes que se agolpaban para ver a Pereza, Bon Jovi, la sexy Shakira, Hannah Montana transformada en una rockera guarrona... ayer caí por casualidad en el mismo sitio y a la misma hora.

Sorpresa. Cartel compuesto por Cypress Hill, Jane´s Addiction y Rage Against the Machine. Esto ya es otra cosa. Público ni la mitad de la mitad. Cierto que parecía hacer frío y llovía, pero. Cuando apareció Perry Farrel, vestido de cuerazo negro sobeteando al también negro entrevistador, no puede apartar la vista de la pantalla. Confieso que nunca fui fan de los Jane´s, no les presté la atención que merecía y ahora me arrepiento. Sigo noqueado por la extraña atracción que estos tipos me provocaron ayer.

El histriónico Farrel, adjetivo repetido en su descripción pero que le va como anillo, el maestro Dave Navarro a la guitarra, la sorpresa de Duff McKagan (ex- Guns and Roses) al bajo, el impactante batería Perkins y las dos chinitas semidesnudas del fondo, compusieron una horita de puro rock and roll.

Nunca me gustó la voz del cantante pero al verle en acción entiendo que no puede tener otra. Mezcla de glam, ambigüedad, macarrismo, exhibiéndose como una fulana, saltando y contoneandose en la escena mientras se pimplaba una botellita de tinto. Ha madurado bien, se mantiene en forma. Los Addiction son la típica banda de rock, escándalos, drogas, malditismo, peleas, separaciones, reconciliaciones, sexo desordenado... pero por encima de todo, ayer tuve la certeza, unos adelantados a su tiempo que no tuve la fortuna de apreciar en su momento. Ahora mismo me siento incapaz de apuntar siquiera la complejidad de su música, poliedria y conexión.

Sus discos están ahí, inmortales e influyentes, prometo (ya lo estoy haciendo) recuperar el tiempo perdido y tatuarme el careto de Perry en la nalga derecha.

Os dejo un vídeo de la sensacional Three Days, 10 minutitos inolvidables, me apasionan los temas de largos desarrollos. Cuando te metes en una aventura de este tamaño es porque sabes que tienes dinamita entre los dedos. Cómo me lo paso.





sábado, 5 de junio de 2010

INTENTO POÉTICO NÚMERO UNO, QUE BIEN PUDIERA SER EL ÚLTIMO, O ENSAYO PARA UNA CANCIÓN AHORA QUE ESTOY AQUÍ SENTADO Y NO TENGO NADA MEJOR QUE HACER PARA SUPERAR EL MIEDO AL NÚMERO CIEN.

En la hora azul la ciudad se despedaza.
La navaja corta el ojo, el asta en la boca, la aguja
clavada en la mantequilla.


Una ventana abierta de par en par.
Sonríes odio, avisas un sueño nacarado, la patada
en la boca blanda.


Sirenas sobre tacones afilados, tu cara en el cristal.
Ginebra en el vaso, pezones como la miel, te cortarás
la planta de los pies.


Debiste ser más rápido al preparar la huída.
Lloras universo, las nubes en Granada, un disparo
siempre deja marca.


Ventanas despedazan cristales que huyen
Ventanas despedazan cristales que huyen


No te vuelvas a mirar, ya habrán llegado.
Sudor en las manos, huele a sexo, crujiente
como el celofán de un paquete.


Resbalando en la mala baba de la escalera de caracol.
Suspiras verde manzana, luna de ahogados, raspa
versos la pluma sin tinta.


Te he mordido el ligamento justo ahora.
Sangre en un portal, átomos arrancados, quebrados
sin solución aproximada.


El portazo, la pistola, la estrella confundida.
Miras incienso, paredes acolchadas, los gritos
se mueren hacia adentro.


Pistolas resbalan mordeduras que llegan
Pistolas resbalan mordeduras que llegan

jueves, 27 de mayo de 2010

HISTORIAS DE TELLERDA





QUÉ: Presentación del libro Historias de Tellerda, de José María Morales.
QUIÉN: Angélica Morales, escritora y actriz. Ramón J. Campo, periodista y escritor.
DÓNDE: Biblioteca de Aragón, c/ Doctor Cerrada, 22.
CUÁNDO: Viernes 28 de mayo de 2010. 19 h.15
CÓMO: Con cariño y buen humor.





domingo, 16 de mayo de 2010

UNA COLCHA RAYADA DE AZUL

Se echó a dormir, un poco antes de la hora acostumbrada, pensando en un tema para un cuento. Llevaba unos meses escribiendo y leyendo textos de otros colegas, se divertía de veras haciéndolo, salvo los días en los que no se le ocurría nada sobre lo que hablar. La tarde había sido larga y aburrida. Buscaba algo que le inspirase y le empujase efervescentemente al teclado del ordenador, ya casi nadie escribe en papel. Y ninguna idea se instalaba en su despoblada cabeza. Por eso, cuando se metió en la cama, se colocó mirando al oscuro techo concentrando su atención en un punto indefinido, tratando de ver no sabía muy bien el qué. Al poco tiempo se durmió desanimado. Despertó bien entrada la madrugada, al menos así lo sintió, y un par de cosas interesantes se le habían ocurrido. Ya lo tengo, casi dijo en voz alta, un hilo del que tirar. Y bien agarrado al mismo, volvió a dormirse. Al despertar por la mañana, no recordaba nada de lo que había pensado, de lo que había soñado, de lo que alguien, quizás, le susurró al oído. La próxima vez tengo que anotarlo. No sé porqué me empeño en guardar en la mesilla de noche los preservativos, me sería más útil una libretita y un lapicero, no sea que en el insomnio raye de azul la colcha.

 
Buenos días, querido lector. O buenas tardes, o noches. Para mí son días porque es por la mañana cuando te escribo. No sé si tú lo leerás por la tarde, por la noche, ni siquiera si lo leerás, con lo que el problema estaría resuelto. Tampoco el hemisferio en el que te encuentras. Tema para un cuento: La bipolaridad del tiempo. Como te decía, hola: Soy yo, el autor de las líneas que acabas de leer. He decidido tomar la palabra en lugar del narrador omnisciente que, con más pena que gloria, os estaba contando la historia de un pobre escritor de cuentos y sus problemas con las musas. No sé, me parece que le faltaba fuerza y he decidido cortar por lo sano, aparecer al frente del escenario y coger la rienda. Muchas veces nos escondemos detrás de nuestros personajes y hora es de que nos hagamos protagonistas, en primera persona. De este modo, comenzaré de nuevo.

Jaloza se echó a dormir, un poco antes de... Alto, alto, ALTO! Esto es intolerable. No voy a consentir que me quites del cuento, así, de un plumazo. Yo soy el autor del mismo, el que se echaba a dormir, el que soñaba con una historia perfecta. A mí me gustaba la historia tal y como estaba. Creo que prometía. Podías haber tirado por el camino de la realidad y la ficción, el ser y el deber ser, salpimentado con unas gotitas de sexo que ya introducía con lo de los preservativos. Querido Jaloza, me parece injusto que tomes la voz en esta historia que es la mía. Basta ya de usurpar papeles que no os corresponden. Si quieres hablar de ti, en primera persona, escribe una autobiografía, ególatra de mercadillo y deja en paz a los personajes de ficción. Este es nuestro mundo, nuestro único mundo. Tú tienes otro más allá de estas 15". Y si no te gusta, no es mi problema. Intenta cambiarlo. Déjame seguir con mi vida, con mi historia. Verás, me había quedado en lo del bolígrafo y la mancha sobre la colcha, metáfora blanca de otros fluidos no derramados en aquel lugar. Entonces se levantó angustiado...


Pero bueno, esto es lo último, lo que me quedaba por ver. Un personaje, un narrador que se rebela a su autor y decide contar la historia por sí mismo, al margen de mí. No, no, no. Como comprenderás no lo voy a tolerar. Eres un producto de mi imaginación, yo te di la vida y te la puedo quitar cuando quiera. Ahora me siento como Jehová antes del diluvio, antes de soplarle a un Noé que no vas a ser tú, lo del arca, los animales y no sé qué más. Date cuenta, personajillo, me basta desearlo para que tú ya no estés, es más, para que sea como si nunca hubieras existido. Bastantes problemas tengo ya... Querido lector, te pido disculpas. No era mi intención hacer objeto de este texto las pequeñas miserias de un escritorcillo aficionado. Buscabas algo de diversión y mira con lo que te has encontrado, un texto que reflexiona sobre el oficio de escribir y la disociación de la personalidad, tema para un cuento, por cierto. Meta literatura al fin y al cabo, nada nuevo, también es verdad.


Para Jaloza, para. No ves que a estas alturas te has quedado sin público, sin audiencia. Tu programa piloto resultó un fiasco y te ves vagando por los pasillos del ente en busca de un productor. Resultas patético. Tú y tu manía de no poner guiones, de no entrecomillar, de no usar la cursiva, al menos. El público dejó de leerte en el segundo párrafo, confundido, hastiado, aburrido de no saber quién habla ni qué le están contando. ¿Meta literatura? Estás loco. Eso ya no le interesa a nadie. Hace tiempo que la República Democrática Alemana ya no existe y a nadie interesan estas cuestiones. Hazme caso, no sé si aún estás a tiempo. Retoma mi historia, nuestra historia, si tú quieres y vuelve a narrar, a contar cosas. Oye, no te pongas triste. No te vengas abajo ahora. Y por Gutember... no apagues el ordenador. Déjame vivir, juntos podemos hacerlo. Mira.


Se levantó de la cama, confundido y sin saber muy bien qué difuso territorio estaba pisando. Decidió que una ducha fría le haría bien y se dirigió, todavía desconcertado, al cuarto de baño. Ese bulto debajo del pantalón del pijama le recordó cuánto la echaba de menos y el tiempo que llevaba sin abrazar a nadie... ALTO. De nuevo. (Soy Jaloza. Aclaración para los lectores menos despiertos si es que todavía me queda alguno) . Por aquí si que no voy a pasar. Recurrir a una burda escena de sexo onírico, onanismo bajo la ducha, otra perversión que se te-nos pueda ocurrir para lograr un público. No. No voy a rebajarme tanto. Y te repito, aquí el que manda soy yo. Así que ya está aplacando tus calores, orinas tranquilamente y nada más, y te diriges a la cocina a prepararte un cafecito bien cargado. Te hará bien. Ya lo verás. Vaya, ¿no dices nada? No te irás a enfadar ahora. Sois todos iguales. Muy gallitos y nada más que os retuercen la muñeca, ya no sabéis qué hacer. Vamos, di algo, no te quedes ahí mirándome.


Demasiado tiempo sin abrazar a nadie, se obsesionó con la Literatura y ella se fue. Daría un accésit en unos juegos florales de un ayuntamiento de tercera por poder besar su cuello, mordisquear sus orejas, lamer su... Se acabó. Soy Jaloza de nuevo. No vas a lograr nada ignorándome y profundizando en tu planteamiento erótico. Hasta aquí llegaste, pobre diablo. Hasta aquí. Punto final.

sábado, 8 de mayo de 2010

LA PRESENTACIÓN DE LIBROS MÁS LARGA DEL MUNDO

Esta mañana he tenido el placer de participar en el evento de referencia. Se encuadra dentro de la II Muestra de Pop Rock y otros rollos, y se seguirá desarrollando durante buena parte del día de hoy. ¿Que qué hacía yo allí? Pues de modesto presentador del libro Historias de Tellerda de José María Morales al que he tenido el placer de dar paso para que disertara, brevemente (eso sí) acerca de su obra.

Hay constancia gráfica del acto y quién sabe si algún día saldrá a la luz pública.

Aprovecho para informaros de la presentación oficial del libro, el día 28 de mayo a las 19h. en la Biblioteca de Aragón. Me imagino que sabéis dónde está. El acto correrá cargo de la escritora y actriz Angélica Morales y del también escritor y periodista Ramón J. Campo. Mejor imposible, de verdad.

Agradecer a Juan Luis Saldaña la organización del evento, tipo renacentista donde los haya, al que prometo seguir de ahora en adelante. Por cierto ¿Dónde se pilla La General?

domingo, 2 de mayo de 2010

BUÑUEL Y LA VELVET

Un buen amigo y mejor escritor, cuyo nombre no desvelaré de momento por un elemental ejercicio de discrección, tuvo la amabilidad de enviarme en primicia un relato que en breve se publicará en una obra colectiva.

Dicha obra gira alrededor de la temática, parejas de cine. El artista misterioso eligió el dúo Luis Buñuel y Catherine Deneuve, concretamente por su relación en la película Belle de jour. El resultado, además de altamente reseñable, me dio que pensar. La protagonista de la película, y secundariamente del relato, se llama Severine. Me vino a la cabeza el famoso tema de The Velvet Underground, Venus in furs, en el que también aparece este curioso nombre. ¿Casualidad? Parece que no.

El tema musical apareció en el primer disco de la mítica banda neoyorquina, The velvet underground & Nico, publicado en 1967. Y justo en ese año se estrenó la película del calandino. ¿Coincidieron Buñuel y Lou Reed en algún tugurio de NYC? ¿Se admiraban? ¿Tuvieron alguna novia en común?... Un escalofrío me recorrió al juntar las piezas del puzzle. Sería muy interesante indagar y profundizar en estas interrogantes, puede que algún día, de momento me basta con la emoción del chispazo en mi cerebro.

En la película y en la canción, incluso en el nombre de la banda, hay resonancias sexuales más que evidentes: El masoquismo, la dominación, el fetichismo, la prostitución... Seguramente todo se aclararía buscando un antecedente común en los dos artistas, existe a poco que se rebusque en la fuentes, pero a mí me gusta más pensar en Reed, Cale, Tucker, Morrison, Nico, Warhol, Buñuel y compañía bebiendo vino en la costa francesa o ginebra azul en un antro americano. Licencias poéticas. O la batería Moe Tucker y Buñuel rompiendo la hora en el Bajo Aragón, quién sabe si despertando a los vecinos en la Quinta Avenida.

Os dejo una versión en directo de Venus in furs, uno de los temas más morbosos y con más alto contenido erótico que yo me haya echado a las orejas jamás. En la versión original, inolvidable el violín de Cale a modo de latigazos en la piel de alguna joven virgen. Es una performance de la Exploding Plastic Inevitable, Warhol uniendo pintura, cine, baile, la fría belleza de Nico como la congelada de la Deneuve, el contoneo del poeta y fotógrafo Malanga, Nueva York, Lorca, la Generación del 27, la revolución sexual y unos cuantos maricones envueltos en pieles. Que Dios nos perdone a todos.

Querido amigo, date cuenta la que me has liado. En cuanto usted dé su permiso le pondré nombre y apellido. El Portolés del cuento pinta mujeres desnudas y a mí me encanta mirar por el ojo de la cerradura.



 Botas brillantes, brillantes de cuero

La niña del látigo en la oscuridad

Viene con un cascabel, tu esclavo, no le abandones

Golpéale, mi ama, y cura su corazón


 
Pecados aterciopelados sacados de fantasías callejeras

Compra los disfraces que ella llevará

Las pieles de armiño le dan aspecto imperioso

Severin Severin te espera allí



Estoy cansado, estoy aburrido

Podría dormir mil años seguidos

Mil sueños que me despertarán

Colores distintos hechos de lágrimas




Besa la bota de cuero brillante

Cuero brillante en la oscuridad

Lame las correas, el cinturón que te espera

Golpéale, mi ama, y cura su corazón




Severin, Severin, habla tan suavemente

Severin, ahí abajo, arrodillado

Saborea el látigo, de un amor que sale caro.

Saborea el látigo, ahora suplícame.




Estoy cansado, estoy aburrido

Podría dormir mil años seguidos

Mil sueños que me despertarán

Colores distintos hechos de lágrimas




Botas brillantes de cuero

La niña del látigo en la oscuridad

Tu esclavo Severin viene con un cascable, por favor, no le abandones

Golpéale, mi ama, y cura su corazón.

lunes, 26 de abril de 2010

CONCURSO RELATOS HERALDO

Tengo el gusto de publicar, en lo que se ha convertido casi en una tradición, el relato perdedor del último concurso del Día de San Jorge organizado por Heraldo de Aragón. Se llama Microscópico y habla de un aragonés ilustre. El año pasado le tocó a Goya. Y el que viene...

Te recuerdo de blanco lino y mal afeitada barba, guiñando los ojos bajo el abrasador sol del verano americano. Aquí hace frío y un pájaro desorientado me mira titubeante desde su acogedor agujero de madera. Al otro lado de la ventana, los arbustos parecen echarse encima de mí y me asusta enfermar de malaria y no regresar nunca más. Levanto la vista y veo palmeras, helechos y cien variedades que ahora me apena no reconocer. Y es Ramón y Cajal tomando las aguas en un balneario alfonsino, con su arrinconado ascensor al que ni las carpas del lago querrían ir a parar. Santiago se ríe a mi espalda, ahora debe andar en el Paraninfo, tableteando el embaldosado pasillo, cansado de mirar por el microscopio y no ver lo que sabe que debería ver. Le ha quedado el andar bamboleante de los que vivieron en un barco de vapor o fueron heridos por las flechas de los indios.

Nacimos por segunda vez aquel día del setenta y cinco en el que nos dijeron que preparásemos nuestras cosas, que embarcábamos hacia España. Flacos, ojerosos y magullados , formamos un improvisado concierto de tos y lágrima, abrazados en la penumbra del barracón, la mente en el horizonte de un mar inacabable. Ramón y Santiago, Santiago Ramón, los ramones como algunos nos llamaban, los inseparables amigos supervivientes preparando las maletas rumbo a casa.

Tú volviste a la Medicina, a estudiar, a investigar, a leer sin pausa, a vivir a ratos. Yo tuve que ganarme la vida como pude, tiempos de alambre para alguien sin recursos. Pasaron los años, muchos, demasiados, hasta que nos encontramos una tarde después del café, paseando por el Coso. Te reconocí al instante. Poco pelo te quedaba pero la misma mirada soñadora de siempre. Cuando te llamé por tu nombre algo brilló en tu sonrisa. Ramón, cuánto tiempo. Entonces me enteré de que te habías casado, que habías tenido dos hijos, Fe y Santiaguito, que habías estado en Madrid, en Valencia, que la gente venía de muy lejos para escuchar tus clases. Me sentí poca cosa, imposible no hacerlo ante un gigante como en el que te habías convertido.

Paseamos un rato, te conté de mi vida, te dije alguna mentira. Me invitaste a entrar en la Facultad, en tu despacho, en tu laboratorio. Andabas detrás de no sé qué cosa del sistema nervioso. Me dijiste mira y acerqué torpe y avergonzado mi ojo al microscopio. Nunca olvidaré aquellas imágenes. Sentí que estaba cerca de algo importante. Las manos me sudaban y sin querer me apoyé en una de aquellas plaquitas de cristal. No te preocupes, aparta un momento, voy a comprobar que no se ha dañado la muestra. Tu calva se abalanzó sobre el aparato, te quedaste callado. Al cabo de un tiempo opaco, levantaste la mirada y me pareció que aguantabas las lágrimas. Lo tengo. Cuando volviste del lugar al que te llevaron tus pensamientos, recordaste que yo estaba a tu lado. Perdóname, se hace tarde, me ha encantado charlar contigo, espero volver a verte.




miércoles, 21 de abril de 2010

EL FEISBUC, UN MILLÓN DE AMIGOS Y UN CHALAO.

Me acabo de topar con esto... y no sé cómo tomármelo. Me empiezo a preocupar o me lo tomo como un homenaje. Hay tanto desaprensivo...

No voy a negar que estoy nervioso. La primera vez es así. Llevo tiempo pensando en apuntarme a esto del feisbuc y después de unos días de estudiarlo... aquí estoy. Me gustaría tener un millón de amigos, como el de la canción. Me parece una cosa muy interesante esto de las redes, también lo profetizaron los de Objetivo ...Birmania cuando lo de los amigos de mis amigos son... mis amigos.Creo que de eso se trata. Espero vuestras solicitudes de amistad, enlazar de un sitio a otro, llegar hasta el último ser de la Tierra civilizada. Soy un tipo tímido, si esto lo hubiera yo conocido en mi época del instituto... Soy tan tímido que no me he atrevido a utilizar mi verdadera identidad y mucho menos a colgar mi foto, aunque no estoy nada mal.Me he permitido tomar como alter ego al conocido escritor zaragozano José Antonio Lozano, La fotaca de al lado, lo leí en una biografía apócrifa, es la de un tío segundo suyo, un primo de su padre al que le dio por la música y enrolarse en un grupete flamenco-rock de los setenta. Afortunadamente su gusto estético lo heredó de la rama materna.Pues nada, lo dicho, aquí estoy. ¿Qué se hace ahora? Espero tumultos de peticiones, ser amigos en la red y mañana cuando nos veamos en el trabajo, mirarnos a los ojos y sentirnos distintos, especiales. Pero ahora que lo pienso, no sabéis mi verdadera identidad, mi Peter Parker, o soy Spiderman... ¡Qué difícil es vivir en el futuro y cuánto tengo que aprender!Bueno, me da igual. Aunque no nos conozcamos de nada podemos ser amigos, así es esto del feisbuc y la vida moderna.

sábado, 17 de abril de 2010

AL RITMO DE JOAQUÍN

"El ritmo de los acontecimientos"
Joaquín Pascual (2010)



Los dos acordes de la guitarra eléctrica resuenan en el vacío. Alguien ha tenido un accidente y necesita recuperarse, tranquilamente, en un sanatorio donde quizás tome las aguas, donde a lo mejor recibe el sol en la cara sentado en una silla de ruedas. NO. Un grito le trae a este lado, tiene visita, la banda ha venido a tocar junto a él. La energía se libera en el espacio y parte en dos la velocidad mientras el tiempo se sienta a mirar. NO, de nuevo. Teclados y pandereta brillan en el espejo retrovisor, la chica insufla aire en sus pulmones llena de amor. El tren se detiene, va parando lentamente, es el final del viaje.




Una línea de teclado aparece lentamente acompañada de una guitarra. Una tarde de verano con un calor sofocante, casi puedes notar una gota de sudor que recorre tu espalda desnuda. Añoras el frío, desearías meterte en el frigorífico a la vez que el pulso se acelera, unas teclas empujan las palabras entre cubitos de hielo de formas irregulares. Vuelta a la tranquilidad para ver a la guitarra que se acerca despacito desde atrás. Un moscardón agarrado en una nota cae como un avión abatido por el fuego enemigo en un tazón de leche. Es el circo, El Niño Gusano y la parada de los hombres increíbles. Ya no podía esperarte más y tuve que salir corriendo. La voz se enfada y aporrea la guitarra en el eco del desierto.



Con la desnudez de una voz y una acústica, metido en un armario rebuscando entre las camisas olvidadas. Pocas palabras bastan para pintar una metáfora. Los cantautores han vuelto y Nacho Vegas esboza una sonrisa desde un rincón.



Despierto sobresaltado al ritmo de una eléctrica acelerada y un bajo saltarín que chapotea entre los charcos que dejó una tormenta en primavera. Preguntas sin respuesta y la soledad de alguien que busca un día más. Otra guitarra de fondo crea algo parecido a un muro de sonido, el rumor de la confusión y una mente aturdida por el tráfico de una ciudad inhóspita.



Descansar. Una acústica marina en el fondo del mar, el eco se envuelve en la lentitud que chorrean las gotas que resbalan entre las cuerdas. Lento resuena el vacío mientras el sol se sitúa en lo más alto, el mar es un espejo y un coro masculino me lleva al lejano oeste. Henry Mancini y el cine de los cincuenta. La espuma se confunde con los arbustos que recorren la polvorienta calle vacía. Los párpados se cierran acunados por un punteo eléctrico mínimo y la voz trae el coro a primer término en los raíles de un plano medio que se acerca. Funde en negro.



Mo Tucker se sienta en la batería, aporrea los timbales que le regalaron los de la Velvet y la pandereta que Sergio le tendió desde el cielo. Como no tenemos violines haremos Venus in furs con la guitarra, repetiremos el ritmo en este mundo tan pequeño. Brillantes botas de cuero. Búscame. La música se apacigua para que lo escuches bien. Si estás pensando abandonar... La trompeta de los gitanos te traerá de nuevo a casa.



Me gustaría tener la ayuda de Dios para contarte lo que quiero. Veamos. Trajiste la guitarra eléctrica acuosa que un día tiraste al mar. Si no te electrocutaste será que tienes un ángel custodio. Me imagino un arpa hecha de coral. Reverberación. Las olas del mar las fabricaron los de Polar. Ritmo en la guitarra y la voz susurra temblorosa. A cada hora tengo un accidente. Parón y vuelta a empezar. El atropellado ve su vida a cámara lenta en un doloroso flashback. El bajo acolcha el camino. Minuto dos, segundo diez. Ciento treinta segundos después la batería y el teclado te llevan al cielo. Un buzo impregnado de mercromina emerge desde el mar abisal, la luz está ahí arriba, el oxígeno vuelve a inundar tus pulmones. Y das vueltas y más vueltas, el pulso se acelera y caes hipnotizado. Yo la tengo, la Velvet otra vez. Hay canciones que valen un disco. Hay canciones que te hacen tragar las lágrimas. Y no era esto.



Despierto de nuevo en un déjà vu, el ritmo de la batería me sobresalta y me invita a salir corriendo. La voz canta con ímpetu, se dobla a sí misma con ganas, demostrando que es verdad. El platillo descarga la tormenta mientras ellos se besan con fuerza bajo la lluvia. Tantas veces lo vi en la pantalla.



Otra vez al borde del mar. Las olas nacen y mueren a mis pies, se repiten, se enredan, se suceden mansas y tiernas. La voz se hace coro aparentemente y acelera un poquito en el estribillo. Disfrutando lentamente en un amanecer equivocado de ocaso.



Basta de palabras. Un guitarrico que pudiera ser un ukelele, la voz femenina que hace un coro en el vacío resaltado por un punteo eléctrico. Y es el oeste, el desierto de La Mancha de viaje por Almería y la música de Algeró en las películas españolas de los sesenta. La acústica acaba con el ruido y sopla el viento por fin. Lo barre todo.



Una guitarra eléctrica triste, te la cambio por un banjo, agarrada por las bridas igual que un caballo que se marcha del pueblo. El bajo marca el ritmo de los cascos en el empedrado. Ha sido derrotado, se va sin lo que vino a buscar, sabe que ya no lo conseguirá. Eastwood masca tabaco. Muni y Paco ven caer el sol desde el porche de la casa. Barba de tres días jugando con una navajita que hace una pistola de un trozo de madera. Los frijoles borbotean a fuego lento en el puchero. La voz del protagonista se eleva sobre el coro. Hay que dejarlo todo bien hecho y bien dicho. Por lo que pudiera pasar.



Canción descarnada, esquelética, desnuda. La voz metida en un armario o en el blanco baño de un hospital. Tesis: No puedo contestar. Te lo intento explicar mientras paseo con el perro y el animalico... ya se sabe. Todo va pasando. La vida como un rasgueo de electricidad.



Ritmo acústico, punteo eléctrico, bajo y voz doblada. El vídeo mató a la estrella de la radio. Imágenes que otros pensaron por mí. Cabezas metidas en bolsas de papel nos impiden mirarnos a los ojos. El cielo y el perro nos engañaron. No sirve de nada rastrear en los demás. De nada.



Voz en alto que vibra, salgamos de debajo de la manta y levantemos la cara. Como se queda el mundo conmigo. En misa de once con las guitarras apoyadas en los muslos y el pelo lacio adornado con un lazo.



Enchufa, por favor. Una voz fuerte, casi enfadada. Ruido de fondo y un tambor aporreado. El rasgueo me araña la piel. Heroin mezclada con speed , aguja en vena, aspira, introduce, recorre y quema. Paz por un momento que se acelera enseguida. Blanco y negro. La noche y el día. No me quedaré a dormir, aún es de día y esta no es mi casa. La voz se ahoga dentro, el ruido desaparece al salir a la calle. Escapaste por poco. Tenías razón. Era de día.



Uuuuuuhuh la voz de Ana acaricia un teclado en medio de la eléctrica suave y lenta. Una nota marca la línea que se repite. Voz susurrada teñida de mercromina, otra vez. Dibújame un paisaje apocalíptico futurista con Mad Max viniendo a lo lejos. Ciencia ficción entre piedras calizas. El efecto amor. La melodía surge en el estribillo. Sorprende la complejidad estructural, una catedral hecha de palillos. Teclado sigue en línea recta y el bajo repite seis notas sin parar. The Doors acaban de chocar contra un cactus en el desierto de Arizona. Los buitres sobrevuelan y el espíritu de los indios resuena con la eléctrica que se impone desde atrás. Ruido creciente, son los pájaros que revolotean en lo instrumental. Acople y distorsión. Oigo disparos o será mi corazón.



Un punteo semiacústico y debajo una línea de ruido. Lo importante es dar amor a los demás, es tan sencillo. Emociona su recuerdo, el tiempo pasa y eso quedará. Misticismo detrás de la esquina. Sube la voz. Al menos lo intenté.



Llevo días perdido. No pienses en ello, no seas tonto. Acústica y voz. La melancolía se cuela por los surcos. Podría decirte que alguien ha muerto. Hay que volver a empezar. Las gotas de dolor supuran al fin, accidentes, pérdidas, cambiar los trajes y aliviar el luto. Me gustaría compartirlo. Puede que ya lo haya hecho.



Acabemos en alto. Doblaré la voz para hablarte de carreteras y mapas en el cielo. No queremos ser mejor que nadie. Me acuerdo, por último, quizás escuchar sea recordar, de My Bloody Valentine y su Loveless. Maravillosa la voz femenina, no sé cómo llamarlo. Me gustaría cerrar los ojos y tumbarme en la hierba húmeda. Joaquín también hace el coro. Ya somos tres. Cierras la contraportada del libro y te quedas con él un rato entre las manos, apoyado en el pecho, resistiéndote a volver a la vida real que se empeña en despertarte.