sábado, 16 de febrero de 2013

SENTADO EN UNA SILLA HELADA. 23 DE ABRIL A LA VENTA


SENTADO EN UNA SILLA HELADA saldrá a la venta el 23 de abril, Día del Libro. (No de éste, de todos). Se podrá adquirir en la caseta de la Editorial Certeza. Ahí estaré, todo el día, firmando con mi mejor sonrisa y cara de tipo interesante, si me sale.

Los 50 primeros compradores serán obsequiados con un ejemplar de Descartes (Caras B y rarezas) de Ediciones de Ciento a Viento. Edición limitada y numerada.

Seguiremos informando.



viernes, 8 de febrero de 2013

¡¡¡ SE ACERCA!!!



Extractado del prólogo de Alfredo Moreno Agudo

CHARLIE PARKER EN LA SALA DE ESPERA

"En esta sala de espera literaria se dan cita dos maestros de ceremonias, también asimismo dos espectros, que encauzan y guían esa exploración, ese viaje a lo más desconocido, anhelado y temido de nosotros mismos. Su obra y su espíritu respiran entre líneas, palpitan tras los rincones, imprimen su ritmo y marcan el latido de los diez relatos que componen Sentado en una silla helada.

De un lado nos damos de bruces con el hechizo de La Maga, que tiñe de nostalgia y recuerdo con aires de película francesa el triste presente de un Horacio Oliveira de nuestro tiempo que se consume varado en una cama salpicada del polvo de oro del abandono y que, devorado por el pasado perdido, asume el reto de una nueva búsqueda infructuosa, de una reconquista dolorosamente fallida, inconclusa, interminable, derrotada de antemano.

*** 

En su sala de espera cabe también el agridulce aroma de lo cotidiano, la pulsión de la realidad social, la vinculación de los textos con el clima y el tiempo en el que han sido escritos. En sus páginas se transita amargamente por la crisis económica y la consecuente marginación y soledad de quienes más la padecen, se hace sardónica burla de los altibajos de una monarquía cada vez menos de Borbón y más de bourbon, o se retrata la galopante pérdida de valores humanos y de referentes culturales que actúan como masilla de una sociedad cada vez más llena de huecos, de agujeros de gruyère, corrupta, miserable, enferma, desmemoriada e instalada en la desidia impuesta por la velocidad de lo efímero, por la calculada moda cambiante del consumismo eternamente insatisfecho, por el tributo a la novedad y la confusión entre cantidad y calidad, la sociedad del culto al ranking, a la acumulación como valor supremo, la sociedad del dogma de que “el más” equivale, forzosamente, a “el mejor”.


PRÓXIMAMENTE

martes, 1 de enero de 2013

SENTADO EN UNA SILLA HELADA


"Una silla helada es una silla vacía. De la misma forma que la silla, los muebles, los objetos, solo adquieren carta de naturaleza cuando se los honra con un uso, con una funcionalidad, con la prestación de un servicio a su propietario o su poseedor ocasional, las personas, los demás seres vivos, los lugares, los acontecimientos, solo existen cuando son nombrados, cuando se les bautiza con una palabra o un conjunto de ellas que los define y los contiene, que les permite ser reconocidos y comprendidos como tales con apenas una referencia... En esa sala de espera emocional, con casi toda probabilidad eterna, comida de telarañas, abandono y suciedad, de la que no parten y a la que no arriban transportes a través de los cuales huir del vacío para llegar a la vida añorada, soñada, sentida, en la que las víctimas colaterales de los avatares de la fatalidad permanecen varados sin esperanza ni consuelo, es donde José Antonio Lozano reúne su personal colección de fantasmas y amigos literarios, todos ellos en tránsito, a caballo entre dos realidades o incluso entre dos mundos, en busca de algo inmaterial, extraviado o soñado, perseguidores de lo que quizá desconocen y que sospechan o intuyen inaprensible, cuyo valor real, cuya importancia decisiva, no es posible entender ni descifrar. Una búsqueda sin gloria, sin futuro, sin éxito posible, en la que a menudo a estos personajes les aguarda su ruina o la de otros".



Del Prólogo de Alfredo Moreno Agudo para Sentado en una silla helada.


A ver si la sacamos del congelador...

viernes, 13 de julio de 2012

LAMENTAMOS INTERRUMPIR LA PROGRAMACIÓN



Algo así dirían en la tele de hace unos años cuando dejaban de proyectar una peli de vaqueros para dar paso a un avance informativo. Pues yo lo mismo. En este sitio no suelo hablar de estas cosas pero ya iba tocando.

El detonante ha sido el "que se jodan" de la diputada Fabra. Qué bien estaba calladita, nada sabíamos de su aportación al bienestar de la Patria, hasta ayer. Está muy feo decir estas cosas a los pobres parados. Muy feo. Y casi peor la explicación diciendo que se refería a los de enfrente... Vamos a ver.

Cuando uno vitorea y apoya el comentario de otro que está metiendo el dedito en el ojo de un adversario presente, no me refiero a Mou, debe decir: ¡Jódete!  Segunda persona del imperativo. Cuando uno quiere subrayar las palabras de otro referido a un tercero ausente debe decir: ¡Que se jodan! Tercera persona plural del imperativo. También es admisible la tercera persona del singular, véase: ¡Que se joda! Esto es de 5º de EGB o como narices se llame ahora.

Está muy claro que las cariñosas palabras de esta ¿señora? iban dirigidas no a los diputados de las sillas de enfrente sino a los terceros ausentes a los que el Presidente se estaba refiriendo: Los parados. Es tan obvio que da casi apuro comentarlo.

No sirve la excusa del acaloramiento y del exabrupto coyuntural. No sirve. Es entendible que uno se calienta y a veces dice cosas que no querría. Yo mismo, un tipo normalmente tranquilo, tengo muy mala leche en ciertas ocasiones. Cuando llamo o digo de alguien, en un momento de ofuscación, que es una hija de puta, seguramente no debería decirlo pero es lo que siento en lo más profundo. Nunca es mala la verdad, lo que no tiene es remedio, como dijo el poeta.

Todo esto para decir que esta ¿señora? debería haber dimitido inmediatamente si tuviera algo de dignidad, cosa que dudo siendo hija de quien es. Los niños siguen el ejemplo de sus padres. Si yo no robo, no mato, no miento... -de momento- es por lo que me enseñaron mis mayores. Esta pobre ¿señora? no ha tenido tanta suerte como yo. No apelo a la Ética porque estoy casi seguro que en BUP estudió Religión.

Sus jefes debería haberla cesado inmediatamente. No parece que vaya a ser así. Y yo que casi me creí que eran un partido de centro... Me gustaría verles explicar en la cara de un parado, de una parada, que lleven un montón de tiempo sin trabajar que todo esto es para incentivar que busquen empleo... ¿De verdad se lo creen? 

Que tengan cuidado que andan jugando con fuego, la gente se está empezando a cansar de tanta mentira y tanto despropósito. No tengamos que lamentarnos algún día.

Perdón por el tostón y prometo dedicarme a mis gilipolleces... siempre y cuando no me sigan tocando los cojones. 

  

domingo, 6 de mayo de 2012

EL ROCE DE LAS ESTRELLAS


Nada más verla supe que era ella. Llevábamos un rato en el bar, haciendo lo de siempre, bebiendo, hablando y oyendo música. Retumbaba en el techo bajo de La Recogida una canción de Clovis. Éstos se habían puesto un poco pesados contando sus hazañas sexuales y daban aburridos consejos acerca de sus drogas favoritas y cómo mezclarlas. Entonces una chica entró y a su alrededor revolotearon algo así como unas pompas de jabón color amarillo, marrón, de un dorado intenso. Estaba perdida y algo ridícula con sus zapatos de tacón y unos increíbles calentadores rosas que bien podían ser la última moda en la Quinta Avenida pero que aquí, en Zaragoza, quedaban fuera de lugar. Me gustó su bolsa deportiva, de la que sobresalían algo así como unas mallas blancas, y pensé que iba a juego con mis Reebook naranja. Cruzamos las miradas. Tenía los ojos llorosos y estaba pálida como el mármol veneciano. Me preguntó por los baños y le indiqué con un dedo que estaban al fondo, a la derecha, como siempre. Me dio las gracias y precipitadamente se fue abriendo paso entre la gente mientras Clovis daban por acabado su tema. Un segundo de vacío y un nuevo hit del indie patrio atronó la oscuridad del bar.

Me pedí otro daiquiri y cogí una de las margaritas que decoraban el tirador de la cerveza y me la coloqué sobre la oreja. La chica tardó un buen rato en volver y cuando al fin la distinguí entre los saltos de los chavales pensé que era un vampiro de Crepúsculo o algo así. La cogí del brazo cuando pasaba a mi lado y le pregunté si se encontraba mal. Olía dulce, a fresa, y temblaba un poco o eso me pareció. Era muy delgada y andaba como flotando sobre el suelo pegajoso del bar, parecía que fuera de puntillas, y daba la sensación de ir a desmayarse en cualquier momento. Le pedí un botellín de agua que bebió de un trago. Me contó algo de un novio, de una pelea, de un escapar hacia cualquier sitio, de entrar por casualidad en aquel lugar segura de que él nunca la buscaría allí. Había vomitado de los nervios y decía que todo era una mierda. Me dijo su nombre, la verdad es que no lo recuerdo, pero yo cuando pienso en ella siempre la llamo Coppelia. Me gusta el nombre, Coppelia, no sé si será por las dos pes o porque la imagino poniendo en los labios un gesto de niña mimosa, enfadada, malcriada, cada vez que pronunciaba el título de aquel ballet que me contó que nunca podría protagonizar. Coppelia. Como un pez que lanzara burbujas al besar el cristal del acuario, como una esfera de jabón que explota al contacto de un dedo, como un amante exhausto que lanza su último jadeo.

Durante un buen rato se estuvo desahogando conmigo, me hablaba muy cerca del oído, de mis pendientes de colores a lo largo de toda mi oreja izquierda, gritaba mucho para que pudiera entenderla bajo el muro de guitarras al que no estaba acostumbrada. La invité a un martini, no sé porqué pensé que bebería martini, y mientras se lo tomaba y chasqueaba la lengua al contacto de su dulzor helado, yo la iba notando cada vez más relajada, como una bella mariposa desprevenida en una tarde de verano. Mis colegas se fueron a otro garito, bromeando sobre mi nueva amiga y lanzándome interrogaciones con sus gestos y miradas. Coppelia estaba ajena a todo y seguía hablándome de aquel chico, de la bruja de su compañera de danza y de su insoportable casera. Tenía unos ojos bonitos, pómulos marcados y unas muñecas delgadísimas en las que se enrollaban varias cintas de la Virgen del Pilar. Era más alta que yo y por eso se agachaba un poco para hablarme dejando al descubierto un tímido escote en su blusa blanca. Pedí unos tequilas a Juan, el camarero de toda la vida, y le robé otra margarita que fue a parar a la trenza de Coppelia. Eres la alegoría de la primavera, le dije, una chica tan guapa no debería estar nunca triste. Sonrió y estoy segura de que enrojeció hasta las pestañas.

Entonces fui yo quien la cogió del hombro para hablarle muy cerquita, mirándole a los ojos como tantas veces había hecho con tantos chicos, convencida de que mi mirada afilada y mi sonrisa blanda harían el resto. Le dije que no dejara que nadie la dañara, que se olvidara de todo por un rato, que disfrutara de aquel encuentro casual y se dejara llevar por la música, como yo, como todos aquellos desconocidos que compartían un pedazo de sus vidas entre alcohol y algo parecido a la amistad. Recuerdo que se estremeció cuando le susurré al oído, tan cerca que podía notar su corazón acelerado, tan pegada a ella que notaba su pecho pujante bajo la tela de su camisa. Siempre había pensado que las bailarinas eran planitas, todo fibra y hueso, pero aquella carne tan próxima me desmentía mis ideas preconcebidas. Le sudaba la mano cuando se la apreté dulcemente con la mía, cuando me eché sobre ella para rozar el lóbulo de su oreja con mi lengua desatada y jadear su nombre mientras le prometía hacerle olvidar sus problemas. No tardó mi mano en desparecer bajo su falda, en acariciar un culo redondo, pequeño y duro, tal y como lo había imaginado hacía un instante. Sr. Chinarro cantaba Una llamada a la acción y aquella me pareció la señal esperada. Creo que le dije algo en francés que pretendía sonar sexy y la acerqué hacia mí con decisión apretándola contra mi pecho acelerado. La besé cerrando los ojos y buscando su lengua entre los dientes.

Casi puedo oír sus tacones alejándose del bar, sus calentadores rosas, sus flexibles piernas acostumbradas a otro tipo de barras, el roce de sus medias al contacto con la falda que ocultaba lo que yo ya conocía. Una margarita quedó flotando en el aire, en suspensión, junto con las pompas de jabón –amarillo, dorado, marrón- al tiempo que Los Planetas cantaban lo que pudo haber sido. Allí me quedé, soportando la sonrisa del camarero, agarrada a la copa número, sintiéndome como el delantero centro que remata de cabeza al larguero desde el área pequeña. Supongo que Coppelia, Ofelia, Noelia salió corriendo en busca de aquel novio del que había escapado huyendo hacía un momento, las tripas revueltas por el tequila, la sal y el limón, por el vacío que sintió bajo unos pies no tan acostumbrados a flotar. Salí a la calle y agradecí la fina lluvia sobre mi pelo lacio. Saqué un cigarro, pedí fuego, sonreí como sabía que pocas chicas eran capaces de hacer, miré el reloj. Hora de buscar un taxi y volver a casa. Otra noche quemada. Creo que soñé con tutús y moños altos, con bailarinas que danzaban al son de cajitas de nácar y música. En la luna llena difuminada la cara de un inventor pálido veló mis sueños, la muñequita había escapado, un soldado de plomo quemó su corazón. Frankenstein agarró una margarita al vuelo y se la ofreció a una niña justo antes de ser quemado en el molino. Un sabor a fresa me despertó por la mañana y como una pompa absurda explotó para siempre entre mis labios.   

      

domingo, 29 de abril de 2012

INDIE GIRL


Tenía la mirada ligeramente perdida, algo torcida, por culpa de la miopía o a causa de cerrar sus pequeños ojos, tal vez por las copas de alcohol que se habría tomado. Se acercaba mucho para hablar, de frente mientras achinaba sus ojos marrones y regalaba una sonrisa tan larga como el invierno en Quebec.

Su pelo era largo, castaño, liso, cogido a los lados con algo invisible, tapando unas orejas demasiado grandes. El pantalón vaquero de talle bajo le ceñía un culo que sus amantes recogerían con las palmas bien abiertas. De vez en cuando metía las manos en los bolsillos traseros componiendo una postura digna de las fotos del Rockdelux, de cualquiera de las sexys cantantes de los grupos americanos que te miraban desde el papel como ahora nosotros la mirábamos a ella. Bailaba levemente, se movía balanceando su cintura en una pequeña danza ebria, la puntera de su zapatilla deportiva llevando el ritmo de la música, de la batería o de la guitarra la mayoría de las veces. Su camiseta florida de manga larga oculta unos  mínimos pechos que solo se agitan cuando da unos saltitos y menea la cabeza de arriba a abajo, de arriba abajo, mientras imaginamos que cierra los ojos y piensa en otra cosa.

Devuelve su vaso vacío lleno de hielo alargando la mano para que le pongan otro de igual color. Rebosa líquido y tira parte del mismo al dar una vuelta en círculo para besar en los labios a su amigo, un chico que se adivina de buena familia, de redondos ojos acuosos con mirada penetrante ajena al pestañeo. La lengua de la chica le habrá sabido a frío seco, rocío microscópico en una pista de patinaje. Se balancea un poco, de forma contenida, bebe cerveza casi sin tocar la botella y mira al techo al tiempo que pide un cigarrillo y pierde de vista a su chica que se acerca al escenario. Ella tropieza, se suelta el pelo, empuja a un tipo que mira sin moverse, hace añicos un vaso que se apoyaba en una mesa alta. Y piensa en otra cosa.

Movía los párpados a cámara lenta, se le cerraban sobre sus ojos confundidos intentando recordar la letra, de derecha a izquierda la cabeza, de derecha a izquierda mientras apura su copa y alguien le acerca otra. A ratos parece que la música le cansa, quiere fumar pero no le apetece salir a la calle, bebe otro trago que pasa helado por su garganta y levanta una mano al tiempo que su cabeza busca entre los pies de los demás. El cantante dice algo sobre que volvería a hacerlo todo por volverte a conocer. Ella se vuelve y sonríe, sabe que lo hace bien, que a él le volvía loco cuando le dejaba alguna suspendida en el aire de los bares, convencida de que iría detrás, segura de que la agarraría por la espalda y se le apretaría con fuerza. Ahora el pelo le tapa la cara, nunca le gustaron los flequillos, es la noche en un minuto.

Recuerdo que serpenteaba su cuerpo sin despegar los pies, que se tocaba los muslos rítmicamente y apretaba las manos cuando la canción se aceleraba. Un breve movimiento de hombros, un ligero temblor para después dejarse ir mirando al techo, como ahora que todo está acabando, como antes cuando notaba su peso sobre el pecho. Para ellos la vida debía ser eso, rebotar, pederse, buscarse y hacerse daño como si fueran un saltador de esquí volteado por una imprevista ráfaga de viento helado.

viernes, 20 de abril de 2012

GRANDEZAS Y MISERIAS





"Solo hay dos cosas infinitas: El Universo y la estupidez humana. Y de la primera no estoy muy seguro." A.Einstein.



"Y en sus obras veo la grandeza de Dios." Anónimo.


A los que creen.



Este texto aparecerá, próximamente, en el libro Sentado en una silla helada.  Seguiremos informando.

lunes, 2 de abril de 2012

(EL CIELO DE LOS POETAS) TOMA FALSA

AEROPUERTO


Federico espera nervioso en la sala del nuevo aeropuerto que llaman de Barajas, en unas horas debe coger un vuelo rumbo a Nueva York y, aunque no quiere reconocerlo, detrás de su sonrisa tiene algo de miedo a un viaje tan largo. Intenta pasar el tiempo mirando a la gente, viendo cómo aterrizan los aviones, pensando en las cosas que le han contado de aquella ciudad y en todo lo que ha leído sobre ella. Unos días al otro lado del océano no le vendrán nada mal, quiere ver mundo y escribir mucho antes de caer rendido en la cama. De pronto, ve al fondo del pasillo una figura conocida llena de maletas, casi no puede creerlo, es su compadre Rafael. La casualidad ha querido reunirles tan lejos de su tierra, tanto tiempo después de haberse visto por última vez. ¡Rafael! –levanta la voz Federico al tiempo que saluda con la mano-. Un abrazo, un cómo tú por aquí, un a dónde vas, un la de cosas que tenemos que contarnos. Acuerdan reunirse en la cafetería después de que haya facturado todo el equipaje y realizado los trámites de documentos y visados. Federico pide algo de comer, no quiere volar con el estómago vacío, y Rafael saca una carpeta llena de papeles y dibujos que extiende sobre la mesa ante la mirada curiosa del camarero. Éste le cuenta que va a Moscú, con María Teresa que no puede tardar en llegar, que tienen mucho que aprender de los camaradas rusos, que no pudo declinar la invitación. Las cosas andan revueltas en España y no menos en el mundo. Los poetas tienen el deber de contarlo al pueblo, de poner sus palabras al servicio de los oprimidos, la revolución, la libertad, la igualdad... y cosas así. Hablan y ríen, tiene que ser un buen augurio un encuentro como éste. Morenos y elegantemente vestidos brindan por el destino de la Humanidad. Los rascacielos, los coches oficiales con intérprete, el vértigo, la nieve que pocas veces ha visto, los negros, los palacios de los zares, unos conocidos que esperan, el comunismo imparable, los parques, los patinadores, tantas cosas que recordar a la vuelta. No han podido dejar de fijarse en un joven demasiado alto y delgado que hace un rato ha entrado y ha pedido agua con un acento poco familiar. Le acompañaba un hombre de aire ausente y mirada triste, de porte británico y maneras educadas. Se han sentado justo al lado y ahora sí escuchan nítidamente como hablan de Buenos Aires y fíjate venir a coincidir tan lejos. Ellos también miraban a los poetas andaluces con la curiosidad del que creer reconocer ciertas afinidades, libros, apuntes, cuadernos, las imprescindibles plumas estilográficas que también en su mesa hace un rato que andan garabateando algunos nombres, quién sabe si algunas direcciones. Un momento de silencio y cuatro miradas que se cruzan en un punto. Hay algo en esos lugares de paso que invita a la conversación, a la confidencia con el otro al que casi se tiene certeza no ha de volver a verse más. ¿Ustedes también escriben? Julio, algo azorado dice que sí pero que no merece la pena, que quien de veras es escritor es Jorge, aquí presente, que hace unos cuentos maravillosos y se ha leído todos los libros del mundo. Jorge Luis sonríe abrumado y dice que su joven amigo es algo exagerado. ¿Poetas? Todos ríen abiertamente al sentirse descubiertos, pillados en algo parecido a una falta, una especie de feo vicio que ocultar a las visitas. Se invitan mutuamente a compartir mesa y deciden que hay que celebrar el encuentro con una botella de vino y algo de queso. Julio intenta explicar que si bebe se marea pero antes de darse cuenta ya tiene una copa en la mano y brinda por la Literatura y las dos naciones allí hermanadas. Jorge Luis explicaba que partirá dentro de poco tiempo a Ginebra, motivos de trabajo, y su compatriota que le esperaban en El Cairo unos cuantos amigos empeñados en enseñarle los misterios del Nilo. Secretamente se envidian los unos a los otros y a cada cual le parece más atractivo el destino del que está a su lado que el suyo propio. Se interesan por la obra de los otros, por algunos nombres que admiran en común, por ciertos compañeros de generación que creen haber oído alguna vez, el tiempo se agota y lamentablemente deben partir en cuatro direcciones opuestas.         



miércoles, 28 de marzo de 2012

EL CIELO DE LOS POETAS (CUADERNO DE VIAJE)

Este texto aparecerá, próximamente, en el libro Sentado en una silla helada.  Seguiremos informando.


A LA VENTA EL 23 DE ABRIL DE 2013.

En la caseta de la editorial Certeza, Día del Libro. Paseo Independencia de Zaragoza.

PRESENTACIÓN 24 DE ABRIL. 19H30. BIBLIOTECA DE ARAGÓN (Doctor Cerrada,22)

A cargo de Javier Aguirre y Alfredo Moreno. Conduce el acto, José María Morales.

martes, 13 de marzo de 2012

RAP














lo importante es manejar el tiempo voz robótica voz gutural la Bauhaus alemana y eran Kraftwerk y sus maquinitas grises de obreros automatizados sintetizadores sobrevolando Berlín al ritmo de Murnau cadenas de montaje cadenas de hierro humo negro que huele a podrido el Danubio no es azul lo importante es manejar el tiempo Val del Omar también lo vio en Granada mi hermana germana y la meca-mística al ritmo de Lagartija Nick que vuelve a Bauhaus para sentarse en sillas imposibles en salones deslizantes y lámparas de araña círculos concéntricos para jugar al aro para hacer figuras buscar espejos saltar la rayuela lo importante es manejar el tiempo oceánico trasatlántico Einstein y las partículas aceleradas que llegaron cuando no debían caballo de Troya los átomos rebotan se confunden se equivocan llegar antes de salir salir para no haber llegado yo ya lo dije yo ya lo hice yo ya lo importante es manejar el tiempo en la novela en el cine en la música en un poema en el peor poema de Chinarro el tiempo lluvioso en un cuadro puntos de vista demorarse dilatarse pinceladas en el aire un dibujo en el cristal el ritmo el verso el metro ya nadie se conoce viajando los raíles son de hielo mejor en un atasco sobre neumáticos mirar por la ventana leer un librito escuchar Violadores del Verso en el ipod lo importante es manejar el tiempo estrujarlo alargarlo llegar tarde a clase morir en un momento saltar sin saber volar caer flotar dentro de pantalones anchos girar en el asfalto amasar las paredes suspenderse y el éxtasis de Santa Teresa corrientes circulares planetarias y Jesús que sonríe a los aparecidos mastica chicle a diez mil kilómetros de Jerusalén en la Quinta Avenida lleno de collares un bigote fino un naufragio lleno de muertos redondos yambo troqueo espondeo endecasílabos perfectos ritmo base distorsión platos acelerados Paquirrín es el rey cuelga al dijey hang the DJ The Smiths se balancean en los bordillos de Manchester con flores blancas en el bolsillo trasero del pantalón y Wilde sigue en su tumba lo importante es manejar el tiempo meter notas arrastrar sílabas descomponer la faena cadencia fraseo contar los pasos oxígeno llenando la habitación inspiración dióxido expiración mataría por un record el tiempo el espacio los guiones blanco trompetas y una nota que gira en un surco sin fin acoplando en el altavoz nevado sueños blandos sirenas en la avenida a alguien se le agota la paciencia linternas jugando en la pared humo en los respiraderos lo importante es manejar el tiempo